Por Manuel Ayala / Fotos: Joebeth Terríquez

Joebeth Terríquez es un fotoperiodista tijuanense de los que llamamos “todo terreno”, de esos que a los reporteros de pluma y libreta nos gusta siempre tener como compañeros y aliados porque no les importa ensuciarse las botas o, incluso, exponer el físico cuando de sacar la mejor nota e imagen se trata. Igual se mete a un “picadero”, camina el llamado “bordo” donde se juntan los que han perdido la esperanza y todo futuro, se inmiscuye en la Zona Norte o se va un evento de cualquier político.

A pesar de que estudió la carrera de cine en la Universidad de Medios Audiovisuales CAAV, en Guadalajara, Jalisco, su pasión por la fotografía, especialmente el fotoperiodismo, lo encontró cuando ingresó a trabajar a la Agencia Fronteriza de Noticias (AFN), lugar en donde desde hace seis años labora de manera activa, aunado a la corresponsalía que manerja actualmente para el periódico El Universal, siempre presente en los sucesos más relevantes de Tijuana o los que simplemente le llaman la atención.

Pese a su contada experiencia como fotoreportero, Joebeth destaca entre los del gremio fronterizo por su exacerbado perfil bajo, puesto que nunca se ha visto como una persona que tiene ese “don” que, según él, sí tienen los fotógrafos que “nacen con ese ojo para la imagen y un alto nivel de curiosidad”, sin embargo, ahora se dice estar “enamorado” de esta labor y no se ve en un futuro “donde no este caminando por alguna calle tomando fotos”.

De su profesión, Terríquez dice que lo mejor que ha tenido hasta el momento ha sido el hecho de conocer a un grupo de colegas que se han convertido en sus confidentes, con quienes a diario comparte alguna experiencia “cabrona”, así sea un evento por demás aburrido, tedioso y monótono, con quienes se ha sabido sortear incluso el pellejo.

“Mientras uno está ahí, viendo, anotando, observando, grabando, lo que sea, uno esta con su familia, los compañeros del gremio, quienes han estado junto contigo en cada una de esas experiencias que decimos ‘no mames, estuvo bien perra esa madre’ o ‘pinche evento cagado’, pero ahí estamos todos, eso es lo que considero una experiencia cabrona, lo demás es el pan de cada día”, dice.

Entre todo su trabajo periodístico, en Joebeth destaca un tema por demás singular e interesante en el que no muchos se han atrevido a indagar de una manera más humana, y es el de documentar el día a día de los homeless o los llamados “sin techo” que, en Tijuana, se cuentan por montones en cada de las calles, principalmente en la zona Centro y la Zona Norte, por aquello de su condición fronteriza y la falta de oportunidades, motivo por cual realizamos esta entrevista, para que nos ahondara más sobre este trabajo.

—¿Qué fue lo que te atrajo de los homeless como para empezar a fotografiarlos e iniciar con esa documentación de la gente sin techo en Tijuana?

Principalmente porque es un tema que siempre me ha causado cierto disgusto “sistemático”, por el hecho de ser una especie de recordatorio de la situación del país, el cual se refleja de distintas maneras en cada ciudad. Sin embargo, en Tijuana se ve un poco de todo con la gente en situación de calle y esto me ha creado una fascinación: el hecho de documentar las historias con retratos e incluso platicando con ellos, porque a pesar de lo que mucha gente piensa, se trata de humanos, no son animales, ladrones, lacras, drogadictos o lo peor de lo peor, cada uno tiene una historia del porqué ha llegado a donde está.

Esta observación es como la de las mamás con el tema de “El Coco”, que utilizan para asustar a sus hijos para que hagan sus tareas o se comporten, pues de la misma manera la gente en situación de calle es utilizada por la sociedad como recordatorio de lo que te puede suceder si no te aplicas en la vida; es simple y sencillo, sin embargo, a mí me es más interesante la historia del “Jesucristo” o del “Abuelo Tigre”, que el de Peña Nieto o el de López Obrador, y por eso me encanta estar con aquellos que considero los últimos humanos, los humanos reales, quienes por cualquiera que haya sido la razón que los llevó a la calle, sobreviven y superviven ante cualquier adversidad.

—¿Qué pretendes mostrar con ello o qué sentido le dan ellos a tus fotografías y a la ciudad?

En un principio no tenía ninguna intención, solo fueron el objetivo de la calle y la vida del diario. Pero recientemente he visto cómo las agresiones hacia ellos ha ido escalando, y al hablar de agresiones me refiero a un tema muy conocido en ese “sub-mundo” en donde existe una red de operaciones ilegales del cual no tantos conocen, muchos se imaginan y a otros no les interesa porque se trata de gente que vive en la calle.

No es nada nuevo que hay un vínculo con el crimen organizado en donde los homeless participan de manera directa –por lo menos en Tijuana- en donde los grupos de la delincuencia organizada utilizan a esta gente para cocinar droga, repartirla, experimentar nuevas fórmulas de diferentes tipos de droga, entre muchas otras cosas. El ser gente en situación de calle los convierte en objetos fáciles de desechar, cumplen con su objetivo y los matan o los hieren de tal manera que la infección que esto les provoca los termina de matar.

Lo peor es que quienes también son participes en estos usos siniestros de estos “animales de la calle”, son las honorables autoridades de seguridad, quienes los despojan de sus pertenencias, roban su dinero que recolectan durante el día, también les venden las dosis de droga a un precio más elevado, aunque eso no es lo peor, pero tampoco nuevo, ya que también se sabe que policías desquitan su coraje acumulado en sus hogares y la vida en general golpeando a esta gente que consideran “basura” de la calle.

Por todo esto y más, mi intención es reflejar lo anteriormente mencionado y quizá lograr exponer ante quienes vean tan solo una de las fotografías que les tomo, y sepan que estoy retratando a un humano y no a un homeless.

—Durante este tiempo fotografiando a los homeless, ¿qué es lo que más te ha llamado la atención de ellos y la reacción de la gente ante su presencia?

El “buenos días”, “buenas tardes” y “buenas noches” que te dan. El “gracias” y “con permiso” y, sobre todo, el “¿gustas?”. Durante mi “acoso” hacia quienes viven en situación de calle, lo que más me ha llamado la atención es la reacción ante estas frases o palabras, muchas veces por estar en algún lugar intentas conectar con tus objetivos utilizando algunas palabras para lograr que se identifiquen contigo, si se trata de jóvenes se puede caer en el error de “hablar” como ellos, en este caso también dependiendo donde te encuentras lo haces, pero cuando los tratas con respeto y con dignidad, que se merecen como cualquier otro ser, la reacción muchas veces es inesperada, desde una mentada de madre hasta una lagrima, y estas reacciones se me hacen hermosas.

En cuanto a la reacción de la gente ante su presencia, pues, si es que la gente tiene algún tipo de reacción, por lo regular los ven como postes de luz en la calle, necesarios y cumplen un objetivo, pero de ahí en fuera nadie los pela, al menos que choquen contra ellos.

—¿Cuál es la historia más fuerte que te ha platicado uno de ellos?

Un hombre que he retratado muchas veces en el mismo lugar, no es tanto la historia que me platicó, sino el qué hacía y su razón. Se trata de un hombre blanco que no siempre fue blanco, sino de tez morena clara, quien por el motivo del cual ahora recuerda (debido a que ya distorsiona un poco la realidad que unos cuantos percibimos), dice que su madre le decía de chico que “los hombres blancos son ricos y guapos, por eso uno si no nace blanco siempre debe estar limpio”, la cuestión es que este hombre no es blanco y la situación de calle en la que vive tampoco está limpio, así que todos los días lo puedes encontrar con una navaja o un pedazo de vidrio quitándose poco a poco la última capa de piel de su cuerpo, sin lastimarse, creo, pero ahora ya se ve más blanco que cuando comenzó, y todo porque se ha ido quitando esa capa de piel.

—¿Piensas realizar algún proyecto, alguna expo, con este trabajo documental?

Me interesa algún día exponer algunas fotografías en un tipo de muestra, solo me hace falta ese empuje para hacerlo y lograr documentar unos “unicornios” que sigo buscando. Todavía faltan unos objetivos por retratar y terminar mi proyecto personal de exponer la situación atroz que están enfrentando estas personas, y una vez que esto termine, quizá comience a trabajar en una exposición u otro proyecto por el estilo.

—¿Cómo es vivir en la frontera, que sentido le da a tu trabajo fotográfico?

La frontera es el lugar más hermoso para vivir, en el aspecto fotográfico te da una gama gigantesca para trabajar, y las historias que uno se encuentra en la calle son aún más bellas, como las de estas personas, aunque debo confesar que de manera mórbida quizá confundo a veces lo trágico con lo bello, algo que se me he hecho saber múltiples veces. Pero de no estar en la frontera, creo que le estaría tomando fotos a caras de políticos nada más, lo cual es exponencialmente más trágico que la realidad de la calle.