Por Manuel Ayala

Salir del espacio de confort que en ocasiones brinda el arte para involucrarse en problemáticas sociales no es tarea fácil, menos cuando de desaparecidos se trata, eso lo sabe bien Fabiola Rayas, artista multidisciplinaria michoacana que desde hace más de tres años se ha dedicado de lleno a la labor de trabajar con madres y personas víctimas que han dedicado la vida a la búsqueda de sus familiares.

Cuando comenzó a investigar sobre este tema, por ahí del año 2008, lo primero que empezó a hacer fueron acciones e intervenciones en el espacio público, que tenían más que ver con el nombre de los desaparecidos y que en su mayoría eran mujeres, debido a que en su tiempo estuvo estudiando e investigando temáticas de género y salía a las calles con nombres de personas de archivos muertos, personas a las que ya no las estaban buscando, y hacía diferentes intervenciones que involucraban estos espacios por donde transita la gente.

A partir de esa situación, Fabiola me cuenta que entendió que el tema de los desaparecidos no era una problemática de género, sino una situación de violencia generalizada en el estado y en el país entero, algo todavía mucho más grave, sobre todo porque entendió que hacer esa división entre las muertes de mujeres y de hombres hacía que se quitara del foco de atención el hecho de que en realidad esta es una problemática de estado.

“(Problemática) en la que el propio estado se ve fallido porque no hay protección para nadie”, además porque detrás de todo “hay un narcogobierno que facilita este tipo de situaciones, ya que en la mayoría de los casos la policía, ya sea por omisión o porque realmente tienen que ver directamente con los distintos casos, está involucrada”, lo cual torna en un espectro todavía más difícil y complicada esta situación, me dijo.

Foto: Fabiola Rayas. Familia Ortiz Ruiz, Morelia, Mich.

A partir de esta especie de revelación, Fabiola comenzó a trabajar sobre el tema pero ya directamente con familias michoacanas que tienen desaparecidos, para emprender un proyecto que partía de una imagen de una silla vacía con unos zapatos, además que quería trabajar sobre la performance del caminar.

Esta acción como un aspecto de “retomar el caminar como una de las acciones de autonomía que nos han ido arrebatando por el crecimiento apresurado de las urbes, por distintas situaciones en que los entornos se vuelven violentos, generando que existan ciertos espacios por donde ya no es posible caminar, a su vez partió en el sentido de que en el tema de los desaparecidos, esa es una de las primeras cosas que se les arrebata, la autonomía de poder estar y poder desplazarse”, me explicó.

La primera idea que tuvo con las madres de los desaparecidos para realizar estas caminatas fue que le prestarán los zapatos de sus familiares, para usarlos y caminar al lado de las madres, pero en el momento en el que se analizó la imagen, parecía como que “yo quería ser o tomar la presencia del desaparecido y esa no era la idea, sino que se tratara por medio del elemento de los zapatos, generar una acción imaginante, que es a partir de una imagen presente generar una ausente, que es lo que sería el cuerpo del desaparecido”.

Posteriormente pensaron en una organización, a la que nombraron Familiares Caminando por Justicia, en la que también estuvieran personas que no tienen familiares desaparecidos, considerando que a las madres se les debe el ejercicio social de la memoria a los familiares y los desaparecidos y es por eso que para Fabiola era importante tener esa apertura de que no solamente en las organizaciones haya familiares de desaparecidos, sino los demás que quieran sumarse a la causa.

Foto: Fabiola Rayas. Familia Corona Bandera, Llanitos de Cucha, Mich.

De ahí partió su labor de acompañamiento a las mujeres de la organización con este trabajo, en el sentido de que ella hizo el registro fotográfico de memoria y en el que también hizo el acompañamiento en los distintos casos, lo cual es importante ver cómo a partir de una propuesta artística se generó una estructura totalmente diferente en la que el arte otorga plataformas distintas para emprender esas búsquedas.

Los casos

Fue así como se involucró de lleno en casos con los que están trabajando todavía en la actualidad, como el de la familia Orozco en la población de Nuevo Cirosto, que se dio a partir de una detención de uno de los hijos, “José” de 22 años, cuando “una ocasión llegó el Ejército diciendo que él vendía metanfetamina, situación que no era cierta y que la comunidad sabía, se lo llevaron y lo regresaron porque no tenía cargos, pero a los pocos días en un retén militar le tomó una fotografía, él regresó con su papá y le contó lo que había pasado.

“Esa mismo noche regresó el ejército a su domicilio y se lo llevaron detenido sin ninguna orden de aprehensión y le dijeron a su papá que tenía que dar una cuota, que se lo llevan porque no quería pagar esa cuota, y el papá les dijo que no tenía por qué pagar y que si se lo tenían que llevar que se lo llevaran, que él vería cómo lo sacaba mientras el joven estaba preso, pero al año de que lo detuvieron, regresaron nuevamente los del Ejército a la casa y se llevaron al papá, el señor “Leonel”, que es cuadripléjico y se lo llevaron con todo y su silla de ruedas.

“Dos años después de que se llevaron al señor “Leonel”, desaparecieron al hijo menor de éste, que entonces tenía 17 años, lo detuvieron a unas cuadras de su casa unos elementos de la AFI y a los dos años el hermano más grande, “Moisés”, al estarlos buscando en varias partes lo desaparecieron también policías municipales en la carretera hacia Apatzingán, esto por la búsqueda que estaba realizando de sus dos hermanos y su padre”.

Bordado por Familiares Caminando por Justicia. Rostro de Vianey Heredia Hernández.

Un caso muy lamentable, dijo, y que así como ese se involucró en otros más en comunidades como Turicato, Arteaga, entre otros, casos en los que operaron elementos de los tres niveles de mandos policiacos, lo peor de todo es que en algunos intervino la AFI, la cual ya no existe y que ha ido complicando las investigaciones porque las personas que se llevaron a Leonel ya ni siquiera saben quiénes son y no les dan respuesta alguna, por lo tanto no se le puede dar seguimiento a ninguno de los casos en los que se vio involucrada esta corporación.

La importancia de las caminatas

“La preocupación de las madres con todas estas situaciones es que para empezar ellas corren peligro, y la preocupación más grande es que ellas no quieren dejarle la búsqueda a sus nietos, porque gran parte de lo que se hizo este trabajo del caminar, no solamente la performance, fue que después las madres hicieron las caminatas con todos los integrantes de la familia, quienes no están inmersos en la búsqueda, algo que fue muy importante porque fue la manera en que ellos volvieron a salir y encontrarse con la comunidad.

“Además que fue el momento en el que quizá platicaron cómo había sido para ellos la desaparición y pues los niños que son los hijos de los desaparecidos empezaron a preguntarles pues qué fue lo que realmente pasó, algo que quizá no habían hecho como familias.

“Fue un buen momento para que ellas comenzaran a platicar sobre cómo había sucedido, por qué había sucedido y eso fue lo fuerte porque los niños les dijeron que si ellos no podían encontrar a sus padres, ellos se dedicarían a eso, entonces gran parte de la preocupación de las madres es que siga habiendo desapariciones en la cantidad que siguen habiendo y también heredar la búsqueda porque es una de las cosas más tristes que se pueden heredar en vida, la búsqueda de un ser querido”, me dijo.

Foto: Fabiola Rayas. Familia Orozco Medina. Nuevo Zirosto, Mich. 2016

Visibilidad de la problemática

De ahí la importancia de este trabajo titulado “La performance del caminar y las cartografías para la memoria”, porque una de las cosas que comenzó a generar fue la visibilidad de la problemática en otras plataformas que son accesibles a las personas, quienes que incluso no están involucradas con el tema, lo cual se convirtió en el fin y objetivo principal, que por medio del arte se puede trabajar con este tipo de temas y así empoderar también a las madres, además el hecho de que se generó también un archivo fotográfico no solamente para la organización sino para la propia comunidad, el cual se ha estado exponiendo en lugares como Pátzcuaro y que pretende llevarse más allá.

Fabiola me comentó que este proyecto consta de una exposición fotográfica del registro de la performance, de los contextos de las familias y los bordados que las madres hicieron con los rostros de sus familiares, además que se está trabajando también en un libro digital en el que se habla de todo el proceso creativo de “La performance del caminar” y del trabajo que se hizo con los niños que fue una intervención sobre las fotografías y retratos familiares con los asientos vacíos de los desaparecidos, en donde los niños pusieron mensajes sobre la desaparición.

“Todo el proyecto va enraizado en un montaje basado en una línea de tiempo que narra el antes y el después de la desaparición, cuentan primero cómo eran sus hijos y después cómo los desaparecieron, por ello en ‘La performance del caminar’ con los zapatos de los desaparecidos empiezo a caminar hacia atrás porque así es como las madres me cuentan de sus hijos, no empiezan a narrarme a partir de la desaparición, sino a partir de quiénes eran sus hijos, qué era lo que les gustaba, qué estudiaron, y después comienzan a hablar sobre cómo fue que realizaron esa desaparición.

Bordado por Familiares Caminando por Justicia. Rostro de Guillermo Ortiz Ruiz.

“Fue así porque es la manera en que ellas recuerdan, siempre hacia atrás y después se regresan en la historia porque ese recuerdo ahora está construido desde un cuerpo politizado, es decir que las madres ya no te hablan como lo hacían antes de que les pasara la desaparición, sino que ahora lo hacen desde su nuevo cuerpo político, entonces eso hace ver que hay un cambio en el discurso y en la memoria de los familiares”.

Caminatas que se hicieron de 5, 10 y hasta 15 kilómetros en Morelia, Nuevo Cirosto, Llanitos de Cucha, entre otros lugares donde ocurrieron algunas de las desapariciones, y que se dieron como una forma de involucrarse con sus compañeras y conocer sus contextos, lo cual, dice Fabiola, “les dio fortaleza y trabajo colaborativo a las madres para emprender otras estrategias de visibilidad, que no fueran las que estaban manejando antes, es decir, les brindó unidad y fortaleza para seguir trabajando”.