Este texto fue elaborado a propósito del documental titulado «Seguir al Sol» (inédito), creación original de Alex Perales, músico tijuanense, en co-dirección con Luis Mercado Forseck. Agradezco a Alex por las amables observaciones complementarias que me hizo sobre datos históricos y nombres de bandas, observaciones que aparecen como notas al pie de página.

Por Guennadi Búrquez / A los 4 vientos* / Clarimonda

«El origen siempre está presente. No es un comienzo, puesto que todo comienzo está ligado al tiempo. Y el presente no es el mero ahora, el hoy o el instante. No es una parte del tiempo, sino un resultado integral y, en consecuencia, siempre originario. Quien sea capaz de llevar a efecto y a la realidad el origen y el presente como integridad, quien sea capaz de concretarlos, superará el principio y el fin y el mero tiempo actual

Jean Gebser, Origen y presente.

Guerra Fría, amenaza de catástrofe global, experimentos con jazz, mariguana, peyote, benzedrina y prosa espontánea. Década de los cincuentas: en California surgía la Generación beat, primer movimiento autoconsciente de ser contracultural; primer impulso de liberación sagrada. Generación dolorosamente consciente de haber sido cercenada de Dios, espíritu del tiempo perfectamente sintetizado en Howl de Allen Ginsberg (1955).

La fiesta es sagrada, lo lúdico es la única respuesta auténtica al espíritu de seriedad del Imperio gringo. Sagrado significa inventar un espacio-tiempo paralelo al tiempo del capital, una realidad aparte respecto al tiempo que ordena el Estado Mexicano.

En la fiesta se encuentra la apertura a lo que no soy y el abandono de lo que soy: caos, creación, música y desmadre. En el party todos somos otros. La música es vehículo de disolución dionisíaca pero también camino de crítica, es decir, expansión de la conciencia y transmutación de los valores hegemónicos.

Tijuana es la primera ciudad posmoderna de América latina. Si en los años 60’s hubo un boom mundial de espiritualidades, psicodélicos, poesía beat, gurús, hippies, jipitecas, protestas y LSD auditivo más vicio y degenere en La alarmaen Tijuana la raza comenzaba a fraguar la identidad remix, mezcla auténtica de lo tijuano con lo gringo. La Revu más The Doors.

En Tijuana inicia la cultura del rock mexicano que permea, como embudo rebelde, a todo el país. Tijuana es la refutación del rock chilango; Tijuana es el rock de las entrañas, el rock de la energía, que disuelve lo edulcorado de César Costa (¡Chale carnal!).

El primer burro-cebra fue sónico. Tijuana es el placer de la influencia vuelta borlo, morros en la Revu y leyenda en el Aloha [1]

Si en San Francisco se da el encontronazo Oriente/Occidente que define al movimiento hippie, esos mismos hippies bajaban a Tijuana-Inframundo para escuchar la novedad rockera: la influencia siempre es de ida y vuelta. Todo lo hacemos entre todos: es la esencia de la pachanga. Estamos agabachados pero también los gabachos están bien tijuaneados. No es casualidad que en el imaginario gringo la Tijuana sea promesa de diversión, el juramento olvidado de vida en el paraíso anterior a la ley: aquel no-lugar donde se es ateo del Imperio.

¡Qué tiempos aquellos en los que se escuchaba a Bátiz inaugurar senderos musicales y abrir, como chamán urbano, multitud de campos perceptuales!

“Todos los batos que han aprendido a tocar conmigo suenan a mi pero como ellos”, dice Bátiz. Hegel estaría de acuerdo con esta negación que preserva (Aufheben). Como todo maestro original, Bátiz muestra caminos, no dogmas o tradiciones endurecidas sino senderos al aire libre: he aquí la esencia de toda contracultura que valga.

El inicio de la contracultura en Tijuana fue una respuesta lúcida y creativa contra los valores nacionales hegemónicos; contracultura es respuesta, propuesta, crisis y subversión. Verdadera contracultura es andar por novedosos senderos perceptuales: frescura y vitalidad de los años juveniles.

Pobres de nosotros que ahora tenemos que aguantarle vara a Maluma, nosotros los olvidados de aquella época en la que existían grupos como el Ritual, Peace and Love, Dug Dugs, Love Army, Náhuatl y músicos fuertes como el Pájaro Alberto o el mismísimo Javier Bátiz.

Porque el Pájaro Alberto es un personaje conceptual, en el sentido que le da a este término el filósofo post-francés Gilles Deleuze: personajes históricos desde los cuales y a través de los cuales se puede explicar una época y una actitud original ante la vida. A través del Pájaro Alberto podemos pensar la contracultura en Tijuana y, desde aquí, la de todo México.

Corrían los años 60′ y 70’s cuando en Tijuana, Ensenada y Mexicali, ya se escuchaban bandas legendarias que darían nueva forma al mundo [2]: The Beatles, The Doors, Yes, The Moody Blues, Led Zeppelin, Pink Floyd o The Who,mientras que en el centro del país les caía la venganza de Moctezuma con rolitas de Angélica María, Alberto Vázquez, César Costa o Jhonny Laboriel.

Además, en Tijuana se decidía quién la armaba para la música y quién no: si la Tijuana no te abraza… sorry, my friend.

La contracultura tijuanense, que va desde la creación musical hasta la búsqueda de Carlos Castaneda, no ha sido suficientemente estudiada. Este documental es testimonio indispensable para abordar y comprender (nos) dentro de ese movimiento (ahora mundial) que en ese momento fue contracultural y hoy ha sido absorbido por la sociedad del rendimiento (Byung Chul-Han).

Si atendemos al gran aforista Ludwig Wittgenstein, cambiar el lenguaje es cambiar el mundo: “el sonido Tijuana”, otro concepto de sonido, otro nombre para la alegre psicodelia del oído, un concepto de sobrevivencia: la creatividad se da entre bárbaros periféricos; la creatividad muere en ambientes demasiado conservadores o en espacios donde existen tradiciones endurecidas de vacas sagradas. Por eso la contracultura primero es música, luego la música se hace política, es decir, relación crítica con el centro, instante supremo aquel cuando todos nos reímos de la Gran Tenochtitlán [3].

Sin embargo, allá en el centro reciben a los músicos de Tijuana como a los Beatles de a mentiritas, aunque, según Bátiz, sonaban a The Beatles más algo nuevo, algo que los ingleses nunca se imaginaron: era la atmósfera de Tijuana interpretada por el Pájaro Alberto y Los Tijuana Five.

Si el Tlatoani reprime, en Tijuana se reinventa la música y, por tanto, la vida misma.

Si el PRI corrompe y empobrece, los músicos de Tijuana levantan la voz y aceleran la guitarra:

“Sindicatos y patrones me han bajado la moral

si me dejo los calzones

También me van a bajar

Porque la justicia toma tiempo

Yo no puedo esperar prefiero en mi cerebro caminar

Tendré que caminar

Porque la justicia toma tiempo

Yo no puedo esperar

Prefiero en mi cerebro caminar

Tendré que caminar

Oye Cristo, no regreses no te vayan a rapar

La era del acuario

Nadie te entenderá”.

Así canta y poetiza el Pájaro Alberto.

“La religión que supuestamente nos salva de todo tampoco nos va a salvar, porque hasta Jesucristo va a ser sacrificado”, dice Octavio Hernández en referencia a Caminata Cerebralde Love Army.

La más genuina ruptura con lo eurocéntrico sucedió en el festival de Avándaro (1971): el viraje de la onda chicana hacia el rock mexicano. Legítima fisura hecha por estos grupos que prefieren hacer lo propio antes que imitar a los ingleses o a los gringos. Tema ignorado por los estudios descoloniales, pero una puerta posible para re-pensarnos [4].

Ahora, más que nunca, cuando el espíritu del tiempo exige ideas, pensamiento crítico y no música idiota, recuperar el legado de los grupos tijuaneros originarios es esencial. La contracultura tijuanense es la verdadera contracultura, auténtica rebelión, no la de los gurús pinches santurrones venidos de Oriente vestidos de blanco sino la crítica a la partidocracia, la demolición de la Robolución Institucionalizada, la destrucción de los valores vueltos piedra.

Tijuana no sólo es la maquila, también es el hervidero de nuevas tendencias.

La Revolución siempre fue norteña.

Parafraseando a Papasquiaro, puedo decir que el rock callejero tijuanense:

Es

psilocibina

ardiente.


[1] Importante rememorar la leyenda urbana que habla del diablo volador, ¿realidad o ácido en las bebidas? También esencial mencionar, si de música se trata,  el Convoy y el Mike’s.

[2] BB King, Moddy Waters, The Rolling Stones The Animals, Bob Dylan y King Crimson que fue progresivo un poco antes que Yes y de mucha influencia para el Ritual y Dug Dugs o también Jethro Tull que fue, este último particularmente responsable de la introducción de la flauta transversal en el Rock mexicano.

[3] Que vestían de agujetas de color de rosa sombreros grandes y feos con plumas de color azul pastel. (En referencia a la ridícula canción Agujetas de color de rosa que evidencia lo fresa del rocanrol chilango).

[4] Resultado también del reclutamiento de músicos Tijuaneros en el DF vía Armando Nava con los Dug Dugs hasta llegar a la sustitución de “Mexicanos al grito de guerra” por “Tenemos el poder” coreando a Ricardo Ochoa cuando el público de Avándaro, ondeando la bandera de Peace and Love, es vetado del país con todo y su música “extranjerizante”, que invita a los jóvenes a drogarse, al suicidio y a todo lo más nefasto, amarillismo de la prensa explicado por Alex Lora.