Por Jonás

Son las mentes de los mismos que intentamos salvar

pero hasta que no lo hagamos siguen formando parte

de ese sistema, y eso hace que sean nuestros enemigos.

Tienes que entender que la mayoría de ellos no están

preparados para ser desactivados. Y muchos están tan

habituados, dependen tanto del sistema, que lucharían

para protegerlo.

Matrix, de los Hermanos Wachowski

En los tiempos de lo políticamente correcto; el señalamiento directo, la determinación de las posiciones y la aclaración de estrategias para poder avanzar en una lucha social se vuelven posiciones autoritarias para quienes pretenden disfrazar de conciliador una posición de defensa de los privilegios que dan sustento a las formas estructurales de la opresión.

Un falló común cuando analizamos al sujeto foucaultiano y la circularidad de la relación de poder en su propuesta es caer en la irrazonable explicación de que el sujeto no es más que una víctima impoluta frente a la estructura de dominación, de que el sujeto que se encuentra en la relación de dominio frente a la estructura acciona contra su voluntad, como si esta no estuviera también marcada por la construcción subjetiva en síntesis con el devenir interno/externo.

Marx señalaba, en la sexta tesis sobre Feuerbach, que el sujeto es la síntesis del conjunto de las relaciones sociales. Así lo pensaría también al momento de crear su teoría sobre la enajenación y en su búsqueda por aclarar la objetivación del proletariado en la relación de explotación y dominio frente al capitalismo.

De la misma forma, y siguiendo más fielmente la lectura del reconocimiento en Alexandre Kojève, Lacan dirá que el sujeto es la formación en espejo de los significantes, incluso habrá algunas expresiones como que el sujeto es «el deseo del Otro», en términos de que el sujeto siempre se encuentra anclado a la construcción subjetiva de la cultura.

Pero en esta última lectura, será necesario que el reconocimiento haga parte del proceso de liberación de las ataduras subjetivas que ponen en evidencia los síntomas de una falla constitutiva, pues no podemos escapar de lo que nos ata en lo subjetivo pero sí podemos reconocerlo para hacerlo visible y entender cuál es su funcionamiento en la estructura de nuestro goce.

En ese sentido, el sujeto no es sólo una víctima frente a la estructura, sino un engranaje más que sostiene a la propia estructura. El valor de la demarcación se corresponde con la ruptura que podemos hacer de las relaciones de poder y de las subjetividades que dan fundamento a nuestro goce.

El capitalismo es la más clara ejemplificación de cómo los sujetos ya no son sólo como los imaginaba Marx, en el sentido de la explotación proletaria en un sistema industrial que objetiva al ser humano, sino que el componente cultural del capitalismo ha creado sujetos que consideran necesario el sostenimiento de dicho sistema en aras de perpetuar el goce de las mercancías y un mundo sumido en el vacío del consumo desmedido que actualmente sostiene a nuestras sociedades.

Este pequeño repaso, realizado al calor de las disertaciones de una noche de insomnio, vienen a la mente frente a la posición posmoderna de querer responder con rebeldía a las lógicas estructurales, desmarcarnos, criticar su funcionamiento y esperar su destrucción. Pero en ese mismo camino, nos oponemos en reconocernos como parte del sistema subjetivo que sostiene a las estructuras, incluso no solo planteamos el rompimiento subjetivo, sino intersubjetivo.

El marcaje de las relaciones sociales, en tanto relaciones inhumanas que buscan el sostenimiento de lo que oprime a nivel estructural, es un proceso necesario del devenir humano que busca una destrucción creativa de las formas en las que hoy está estructurado el mundo. La crítica a estas formas no son suficientes con las categorías de la oposición hegemónica gramsciana, pero nos dan luz sobre cómo para poder romper con las relaciones de dominio en todos los espacios también pasa por romper con las estructuras subjetivas e intersubjetivas que sostienen la opresión. Esto es, mirar hacia adentro para poder reconocernos como alienados a formas inhumanas, pero también en nuestras relaciones en lo común, pues a la estructura la sostienen también sujetos que a nuestros ojos parece que son «buenos».

Así, por ejemplo, funciona la institución familiar, una estructura de contención primaria del sujeto. Pero que a la vez está conformada por una serie de lazos y afectos que permiten bloquear las intenciones de liberación de los sujetos que buscan romper con la conformación tradicional que los detiene y oprime. Esto es uno de los tanto ejemplos. Nos sentimos mal al romper con la estructura familiar, pero es sólo una muestra de las rupturas necesarias que habría que alcanzar cuando se tienen en perspectiva la liberación del sujeto. Finalmente, la libertad es una una angustia permanente, como dirá Kierkegaard, o la conclusión de que la vida humana está condenada a la tragedia.