Por Mauricio Neblina

La administración de redes sociales es en realidad ser un mediocre responsable de atención al cliente y no, como algunos se creen, un gran creativo. Dónde puede estar el genio creador si de lo que trata el trabajo es de homologar el pensamiento con el de masas, esas sardinas que van hacia la misma dirección y se ríen de los mismos chistes hasta el hartazgo. La verdadera creatividad está en otro lado, tal vez, en la artes, nunca en el communitymanagerismo, pues hasta un mono, sin necesidad de estudios universitarios, podría desarrollar el mismo texto con la misma imagen y obtener el mismo resultado.

Escribir textos publicitarios, los famosísimos “copies”, es la base de esta pseudoprofesión y el culmen de la insustancialidad, pues lo primero que se debe hacer es pensar en el público objetivo, ley de vida de la mercadotecnia, lo que quiere decir que si piensas como un simio no habrá dificultad en redactar algún copy, pero si estás un poco más evolucionado, deberás pensar en qué le gustaría leer a la barbarie para que se sienta de alguna forma o mínimo entienda un poco de lo que se quiere decir; lo absurdo está en que siempre se desea comunicar lo mismo, pero el mensaje debe ser construido de mil formas diferentes para conservar el empleo durante años.

En la era de la idiotez, el puesto de “experto en memes”, por más ridículo que sea, aún se llama community manager. Los dueños de las marcas, prácticamente, contratan ese servicio para generar audiencia y posibles compradores zombies mediante el ofrecimiento de satisfacciones efímeras que la repugnante mayoría busca en su tiempo libre en lugar de usarlo en actividades más críticas y reflexivas, de mayor paz y menos movimiento acelerado, porque es probable que un animal salvaje que mira fijamente el final de la estepa tenga más momentos de lucidez que un humano consumidor de sandeces.

Pienso que el communitymanagerismo trata sobre arrojar más basura al río de mierda que inunda nuestras cabezas, pues el resultado final que se busca es generar la más alta cantidad reacciones, veces compartido, clics, y todo lo que sea medible, sacrificando así el contenido que puede ser de verdadera de calidad, pues aquél que lo genera es sometido inmediatamente al aplastamiento intelectual. Si la gente busca este tipo de desperdicios hay que dárselos para generar dinero, pero entonces la culpa de los estereotipos, de las mentalidades acomplejadas, de la falta de criterio y de un sinfín de problemas que podemos achacárselos, en parte, a la publicidad, es de los creadores, pero en el momento que ese producto mercadológico es visto y aceptado, se vuelve un ciclo donde los consumidores también son responsables, y en general la educación, raíz de lo que debería ser la convivencia sana en lo social.

En ese mundo me resisto a ser amansado, permito que me digan qué hacer, pero nunca cómo ser, pues me niego a volverme sumiso y lamer huevos y ovarios de los clientes, como muchos community managers se manejan, tal vez, conscientes de que ése es su único camino al saberse imbéciles e incapaces, para perseguir, no un hueso, sino una astilla, que es lo único que ese ambiente puede ofrecer porque no hay copies de autor y  jamás ese esfuerzo llevará un nombre que no sea el de una marca.

Lamentablemente, en estos años de estupidez, repetir las ideas fáciles, frívolas y efímeras, hacer un meme, es una ciencia remunerada, lo que facilita la estancia en un sistema, y por eso es que me mantengo ahí, al margen, evitando pensar frases como si fueran copies al momento de escribir, tratando de desintoxicarme de publicidad por medio de las artes y periodismo e intentando no ser contagiado del pensamiento general, apaciguado, dócil y atolondrado, aunque me dé la misma vergüenza decir que trabajo de community manager como cuando digo que le voy al Cruz Azul.