Por Miguel Romero

Después de escuchar a prácticamente todos a mi alrededor hablar de lo increíblemente buena que era Comedians in Cars Getting Coffee, me hice un hueco y comencé a verla en Netflix. La serie está cargada de una camaradería de gremio que, en muchos episodios, pinta a sus participantes como cómplices de un gran chiste local, y el espectador se torna más bien en una especie de merodeador.

En un episodio en particular, Jerry Seinfeld invita el desayuno a Trevor Noah, quien comparte una anécdota sobre su infancia en una protesta en la Sudáfrica del apartheid donde el ingenio de su abuelo los libra de una paliza, todo por un chiste que dobló de risa al policía que -tolete en mano- estaba listo para reprimirlos.

Foto: IMDB

Yo (espectador voyerista), sentado en mi sofá, quedé intrigado con esa anécdota y durante semanas estuve cuestionándome sobre la labor de la comedia como vehículo para señalar lo que estaba mal en el entorno y utilizarlo como factor de cambio, sobre todo en tiempos de extrema corrección política.

La “x” marca el tesoro

Emprendí mi búsqueda de comediantes usando su talento para el cambio, vi especiales de stand up, videos en Youtube pero no encontraba exactamente lo que necesitaba, me iluminé y pensé que tal vez los comediantes estaban ahí rompiéndola, pero no necesariamente en la comedia, ahí estaba la “X” del tesoro, los comediantes nos entregaban contenidos contraintuitivos pero no a través de contenidos de comedia, sino a través del suspenso.

Get Out! Que por donde la vean es una  obra maestra de las películas de suspenso, con excelente manufactura, una trama inteligente y sorprendentemente el debut de Jordan Peele en el cine quien tenía experiencia en seriales como Mad TV y Fargo. Con esta película, además de entregarnos una trama de suspenso digna de los primero trabajos Shyamalan, nos muestra por debajo un discurso muy denso sobre un racismo que está lejos de ser eliminado, enmarcado en un contexto de igualdad en apariencia (es genial cuando los papás de Rose le dicen a Chris que votaron por Obama para así ganar un poco de “simpatía negra”) pero con profundas y deshumanizadas estructuras de objetivización, estructuras de las que nos descubrimos partícipes cuando SPOILER al final llega la patrulla y Chris es el negro con un arma. Get out! llevó a Peele (director y guionista) a ganar un Oscar, la aclamación de la crítica y en la iconografía del cine de suspenso en el siglo XXI.

Foto: Vulture

Y cuando pensé que Peele dejó la vara muy alta para el cine de suspenso, de repente en A Quiet Place se entrega otra película de suspenso con una atmosfera de tensión constante, pero también con una interpretación profunda sobre la necesidad humana de comunicarse, sobre el aislamiento y el silencio “obligado” de la posmodernidad ¿Quién es el responsable de A Quiet Place? John Krasinski (sí, Jim de The Office y a quien veremos en la serie Jack Ryan de Amazon) quien en todo su esplendor creador escribe, dirige y actúa y de paso nos escupe en la cara al desarrollar una película de terror silente mientras todo mundo juega con trucos baratos de sonido para asustarnos (estoy viendo hacia donde está La Monja, por si se lo preguntan).

Entonces amplié mi búsqueda y me encontré con otros creadores impresionantes, Aziz Ansari con su Master of None que retrata con precisión milimétrica lo perdidos que nos sentimos a veces los treintañeros en las ciudades solitarias, la relación con la(s) pareja (s) con los padres, con el trabajo y con [la falta de] el sentimiento de autorrealización, cuando ves Master of None o te ríes por la inmediata identificación con los personajes o simplemente la odias porque te confronta con demonios internos que no quieres ver. Y mientras más buscaba, más nombre salían (Childish Gambino, por ejemplo, pero ese es motivo de otra columna)

Encontrar la reflexión en un chiste de pastel

¿Es esto una situación reciente? ¿La ruptura de las fronteras creativas es lo que lleva a los comediantes a entregar piezas de esta envergadura? Pues no, la comedia en el cine es tan antigua como el cine mismo (El regador regado de los Lumière data de 1895) y aunque a primera vista las películas tengan comedia física y “chistes de pastelazo” si miramos a detalle, los descubrimientos son impresionantes.

Tomemos al nombre más importante de la comedia en la historia del cine: Charlie Chaplin, todas sus películas tienen comedia física, pero es innegable que hay por lo menos dos piezas: Tiempos Modernos (1936) y su  interesantísimo discurso sobre la deshumanización del trabajo y la industria en pos de la “eficiencia” en plena crisis económica mundial; y la enorme El gran dictador (1940) que en la superficie tiene la pantomima de Hitler, pero profundizando encontramos un discurso de pacificación en contra primero de toda clase de totalitarismo y contra la fe ciega que tenemos ante los “líderes” mesiánicos (a cualquier país le queda este saco) todo esto a través de metáforas visuales estos genios creaban para que los cerrados de mente no les impidieran expresar su ser más íntimo, artistas altamente creativos, increíblemente cultos y con tantos recursos narrativos cuyas obras dejaron huella perenne en la forma de contar historias.

Foto: RTVE.es

¿Qué le dan de comer a los comediantes? Creo que la respuesta se encuentra en los puntos que tienen en común: erudición extrema (se puede ser un erudito de la cultura pop), una vasta biblioteca recursiva, el manejo perfecto de todas las narrativas (no sólo las cómicas) una alta empatía para construir discursos con los que el público se identifica de inmediato, un ojo clínico para encontrar defectos y de ahí desarrollar ideas donde nadie más encuentra nada. Amigos los comediantes están en el siglo XXI, el resto de nosotros, no.