Por Miguel Romero

Por cuestiones de trabajo viajé recientemente a Nashville Tenesse, la capital mundial del Country y la capital nacional del negocio musical en los Estados unidos, cuando alguien en quiere “Hacerla en América” debe estar en Nashville, no por nada se le conoce como Music City. Estuve  cinco días en la ciudad y durante ese tiempo los conciertos grandes fueron de Def Leppard & Journey, Keith Urban y Taylor Swift y todos los bares de la calle principal tenían al menos un acto en vivo, podías ir saltando de bar en bar hasta encontrar a la banda que empatara con tu humor y tu deseo de música nocturno.

Foto: Miguel Romero

No, no te estoy presumiendo mi viaje, no soy un influencer de instagram trato de establecer el contexto una columna donde diré cosas que seguramente no le gustará escuchar a mucha gente, pero es algo que se debe discutir con energía y más allá de la discusión, hay que tomar acciones para cambiarlo.

Y es que tras mi estancia no pude evitar pensar en mi tierra y preguntarme ¿Qué pasa en México? Digo, finalmente México supera a Estados Unidos, Francia y Reino Unido (entre muchos otros países) en el consumo de música digital y la asistencia a conciertos sube cada año, y cientos de artistas de Latinoamérica vienen a México con la intención de usar al país como catapulta al mercado hispanoparlante parecería que somos un país de melómanos, pero ¿Cómo se refleja esto en la industria nacional? pues bien amigo lector, hemos llegado al propósito de la columna de hoy: los de siempre (las majors, los artistas ya consagrados y promotoras y productoras de espectáculos) siguen inflando sus bolsillos mientras el consumidor elige cuál de las 16 fechas podrá ver a Luis Miguel (otra vez). Si no quieres leer a detalle, un buen resumen sería:  el negocio en México tiene problemas y en muchos niveles y mientras no se resuelvan, no podremos tener una industria musical sana en el país. Si en cambio quieres quebrarte la cabeza conmigo, te invito a leer esta columna, la cual hubo que dividir en dos partes por su longitud, al parecer hay mucho de qué quejarse respecto al negocio de la música en México.

Fuente: Ticketmaster México

El problema con el gobierno

Lo siguiente es problema con el gobierno, porque es el encargado de proveer educación, y las reformas estructurales altamente enfocadas en el modelo de competencias pasaron por alto la enseñanza de las artes porque a su visión resultan inútiles para las necesidades de las empresas; entonces actualizamos casi todos los libros de texto y exigimos a los maestros (sin capacitarlos por supuesto) que conviertan a los estudiantes en futuras eminencias de oficina, pero eso sí, que sigan tocando la flauta, y así nos hemos pasado como cincuenta años tocando a la de a huevo el Himno a la Alegría durante la secundaria y acabamos sintiendo hueva (o terror) al ver un pentagrama.

En contraste, primer mundo aproxima a sus estudiantes a la música desde pequeños, con una estructura pedagógica muy bien trabajada y con especialistas dedicados al desarrollo de las capacidades artísticas de los alumnos, los ingleses saben la teoría musical antes de los 12 años (que es cuando nosotros empezamos a aprenderla mal) y los resultados son más que evidentes: el Reino Unido nos entrega una nueva camada de músicos cada 10 años, es hoy por hoy una fábrica de Rockstars, de auténticos innovadores de la música; nota al pie: no tocan la flauta dulce.

Otro factor determinante es la centralización de las actividades en la capital, el talento puede estar en cualquier lugar, pero la fuente de educación sólo está en tres ciudades máximo, limitante geográficas que solo se resuelven con recursos económicos en un país donde el 43% de su población son pobres

Como consecuencia de estos factores, tenemos muy pocas escuelas públicas de música, sólo en las ciudades grandes y que siguen un plan de estudios arcaico que no responde a las necesidades ya no del negocio, sino de la música misma; al terminar la carrera, los egresados deben aprender por su cuenta todo lo referente a la ejecución y la producción de música contemporánea, lo que los pone a años de distancia de universidades referentes como Berklee que además de dotar a sus alumnos de la destreza necesaria en su instrumento, les brinda las herramientas para llevar su oficio de manera autogestiva.

La opción lógica sería, buscar una escuela privada (también en una ciudad) que cuente con planes de estudio más actualizados y concentrados en las necesidades actuales del negocio de la música, desgraciadamente, las academias privadas que fueran referente de la enseñanza de música en México han derivado en instituciones que te despojan de hasta el último peso en tu bolsa y que al final no te hacen el músico, o el productor que te prometieron en principio.

En corto: en México empiezas a aprender música a la misma edad que los británicos lo saben todo.

El problema con los de siempre

Todo negocio responde principalmente a dos factores: la ley de la oferta y la demanda y el Retorno de Inversión (ROI por sus siglas en inglés) Un negocio para ser rentable debe responder a una necesidad y debe proveer ganancias a sus productores e inversionistas, si no genera ganancias, no es negocio, si no beneficencia.

Como dije al principio de la columna los de siempre son las majors, los artistas ya consagrados y las grandes compañías promotoras y productoras de espectáculos (no necesito decir nombres, ¿o sí?) y el problema con ellos es lo que Eduardo Galeano conoce como monocultivo. Todos los productores del país se dedican a cultivar sólo una cosa: lo que está en tendencia y lo hacen y harán hasta que la tierra donde se cultiva se muera, entonces encontrarán otra tendencia que seguir hasta agotarla y otra, y otra…

Entonces se crea un círculo vicioso de consumo: las majors para no acabar de hundirse en su propia ceguera solo apuestan a la segura, así que siguen produciendo a los mismos artistas como fabricados en serie; los grandes promotores sólo contratan a los artistas consagrados porque ya saben que llenarán el recinto donde se presenten y las productoras no invierten en espacios más pequeños para artistas emergentes, porque los promotores solo les llevan artistas de foros grandes. En el caso de un artista emergente, supongamos que se acaba de recorrer todo el circuito under de su ciudad, los foros medios son pocos y los logra recorrer con mucho esfuerzo, si quiere aspirar a un venue más grande, requiere el respaldo de una major, que no lo apoyará, dado que su música no está en tendencia. Topan la carrera del artista y lo confinan a rondar eternamente los circuitos bajos de la república, a menos que tenga un hit.

En corto: Las voces disonantes no tienen cabida en un negocio que sólo sigue tendencias.

Hasta ahora hemos evaluado los problemas que existen en el negocio a nivel macro, los aspectos que falta por desarrollar son una combinación de macro y micro para que juntos develemos el problema más grande que existe en el negocio de la música en México.

Continuará…