Texto y fotos por Eriko Stark

Cada año se celebra la fiesta de San Francisco de Asís, una de las tres iglesias que conforman el barrio bravo de Tepito. Durante más de 50 años existe una tradición sobre un equipo de jugadores conocidos como Las Gardenias, jugadores que se travisten de mujer o son transexuales. Esta historia tiene su origen en la década de los sesentas, es la historia de un juego amistoso que promueva la comunión y los buenos valores entre los habitantes. En un principio la idea de ver hombres vestidos de mujer jugando futbol generaba repulsión y violencia, con el paso del tiempo, este partido que se celebra una vez al año se ha convertido en el evento más esperado de la comunidad LGBTTTI en Tepito, cabe mencionar que Las Gardenias nunca han perdido ni un solo partido.

En 2017 el partido tuvo un infortunio debido a la mala organización, el evento provocó una lapidación a Las Gardenias que fueron bañadas en harina, huevos y otros objetos que evidenciaron cierto desprecio a la popularidad ganada. Los medios de comunicación han reconocido la labor de estas jugadoras, sin embargo, la falta de patrocinios y la dificultad de promover un equipo que rompe con todos los estereotipos de género no ha sido fácil, esto ha provocado que organizaciones sin fines de lucro (que buscan lucrar) comiencen a ver reconocimiento y dinero. Justo en 2017, la asociación Prodiana AC, Fundada por Diana Sánchez Barrios se encargó del manejo de prensa y logística que terminó siendo un desastre.

En esta edición la organización pudo resguardar la seguridad de Las Gardenias, por otra parte, el tratamiento a la prensa se convirtió en un acto de interés monetario que demostró que Las Gardenias no son un equipo que promueve valores, es un equipo con el que va a lucrar.

La organizadora de las gardenias solicitó que todos los medios interesados en documentar el partido apoyen con algún objeto o dinero para el equipo (balones, ropa, bebida, comida). Esto me lo informó cuando hablé por teléfono para solicitar un gafete de prensa. Después de su llamada no tardó en marcarme el capitán del equipo varonil con el que compiten Las Gardenias para solicitarme mil pesos, el costo de la comida, después, comenzó a regatear cartones de chelas: “Yo sé que tú vas a ganar y nosotros vamos a ganar algo”.

Tomé la decisión de no pagar porque soy un habitante del barrio, si fuera a dar dinero sería directamente al equipo y no a estos administradores que se vieron interesados. Fui al partido como un espectador más, llevé mi cámara y tomé fotos desde una distancia lejana, mirando a quienes sí se mocharon teniendo su exclusiva, viendo a estos hombres homosexuales y mujeres trans con morbo, como una posibilidad de likes, como la posibilidad de lo exótico; los medios de comunicación, hasta la fecha, no han entendido el valor de lo que representa la lucha por la cultura LGBTI y mucho menos la lucha en espacios donde impera el machismo y la violencia, es por ello que se encuentra secuestrada y, el partido no es el único secuestro, también lo es la producción de arte, entretenimiento y el trabajo de nuevos artistas que son oportunidades de dinero y fama.

La cultura LGBTI en el barrio de Tepito no es una inclusión consciente y analítica, es una inclusión ganada a base de una experiencia donde persiste la ignorancia, donde todos son “trasvestis”, donde el gay es afeminado y vulgar, no existe un escape o un comparativo, no existe una historia homosexual del barrio, solo son trasvestis y locas.

Al terminar el partido regresa al camerino improvisado en la arena de box, van acompañadas de políticos Morena que ya vieron en Las Gardenias un salto de recursos, una transformación que poco a poco degenera y denigra a los mismos jugadores, a los mismos habitantes sin que ellos se den cuenta, pero su visión, sólo llega a mil pesos.

Las Gardenias de Tepito ganaron 10 a 1.