Por David Álvarez

Nunca me lo había cuestionado hasta hace poco. Charles Bukowski escribió un poema en el que relata cómo conoció a un genio de seis años, viajando en tren, quien le comentó que el mar es horrible. El escritor por primera vez se dio cuenta de ello. Como cada mañana, desperté, me bañé, desayuné y salí a trabajar. La única variedad del día era ver a M por la tarde, pasaría al centro por ella e iríamos a mi casa, lo que sucedió así. Viajamos en camión alrededor de 40 minutos debido al tráfico, parados y con cierta ansia de llegar tan pronto fuera posible. Pero los viajes tienen su encanto. Por ejemplo, el de amontonarse y encontrarle espacio al espacio, práctica que va del empujón a que un tipo más alto que M sentara sus nalgas en su espalda, acomodándose a plenitud. Al llegar M comió en una fonda y al concluir pasamos a casa, conoció a Comala y fuimos por alcohol. De regreso, subimos a la azotea y nos sentamos.

¿Qué son las nubes? Es una masa compuesta de cristales de nieve o gotas de agua, las cuales dispersan toda luz, por lo que son blancas, normalmente. De las grises no me ocuparé. Hay diferentes tipos de nubes. Penachos, nubosas, de base plana y con precipitación. Dependiendo las formas y alturas, se clasifican, en nombres tan extraños que prefiero no ponerlos. ¡Solo imaginénselos! Aunque poco importa, realmente, salvo que estudies el fenómeno. Para mí, las nubes tienen todas las formas, inventan las suyas propias y las asumen. ¿Navegan o flotan? Quizá sea la pregunta esencial. Vale la pena indagar el porqué se sostienen antes que preguntar sobre ellas. Una ontología de nubes en el que se desentrañe el ser, más allá del ser. Hay una nube del lado derecho con la figura de un caballo y le digo a M que la observe.

Hay personas extrañas. ¿Qué probabilidades existen de conocer a una? Reformulo: ¿Qué tan probable es mirar al cielo y descubrir un cráneo humano en el cuerpo de un pez? No suelo indagar mucho al respecto en los temas de amistad, aunque es verdad que sin ello no estaría aquí. Y no me refiero a estar precisamente escribiendo, sino viviendo. La soledad es una hija de perra que abruma y en ocasiones suelo llorar sentado en la esquina de mi cuarto cuando me siento solo. Hace dos años conocí la soledad. Cuando mi madre murió y no fui a su entierro. ¿Para qué?, me preguntaba y apagué mi celular y me perdí durante cuatro días en algún lugar que no mencionaré. Después perdí a mi sobrino, Paco. Se ahogó y yo con él. Los días fueron más oscuros, arteros, y me puse escribir para darle figura a algo que no entendía del todo. “Dicen que a través de las palabras, el dolor se hace más tangible”. Hay una nube que parace un fénix y M lo cuenta. Ya me había percatado, aunque no encontraba la palabra adecuada para nombrarlo, hasta que ella lo hizo. Después, tuve algunos accidentes; la vez que me golpearon afuera de una tienda de cervezas clandestinas y que una señora me recogió para cuidarme unas horas ofreciéndome refugio. No recuerdo mucho, salvo sus ojos. Un amigo, Rafael, acudió por mí y me llevó a su casa, ofreciéndome de comer y ropa limpia. Yo también me sorprendo de estar con vida.

A M la conocí hace poco. Llegó justo en un mal día. Perdí mi empleo, mi pareja, mi vida. No había nada sino botellas de cerveza y llanto. Mucho llanto. La conocí y enseguida conseguí un empleo. Por allá hay otra nube, otro pájaro con cráneo humano. No sé mucho de ella ni viceversa, pero me gusta. Ya lo sabe. Aprender a conocerla es una aventura que disfruto, un recorrido en el que el destino pasa a segundo plano. Se parece a Janis Joplin. No sé si se moleste por la comparación, pero algún día se lo comentaré. Amo los bizcos que hace al concentrarse para recordar algo. Su sonrisa. Su manera de hablar. De pensar. De crear. De ser. Su ceño fruncido. No la conozco, pero puedo decir que me ha salvado. Que al pensar en ella sonrío y sé, entonces, que mi vida no es una mierda. Que algo se puede hacer. Que no todo está perdido. Franz Kafka respondió a Max Brod que hay esperanzas, pero no para nosotros y por primera vez en mi vida, esta frase no tiene sentido. Una amiga. Pero también tengo miedo, de ser yo y que se vaya, como mi madre o Paco, quienes se largaron porque no me soportaron. La última vez que hablé con ellos todo se salió de control y cargo con ello a diario: ¿Por qué nos saboteamos? Mira, allá, hay una nube que tiene forma de nube. Es solo eso.