Por E. J. Valdés

Fue de James Rolfe que escuché por primera vez el término requel en alusión a Halloween, la más reciente entrega de la serie homónima de filmes de horror. Esta cinta ignora todas las secuelas y derivados de la original de 1978, dirigida por John Carpenter, y retoma los eventos de la misma cuatro décadas después. Justo por ser una secuela que rompe con otras secuelas se la denomina requel, amalgama de las voces inglesas remake (aunque también cabría utilizar retcon) y sequel. No es, sin embargo, la primera vez que esta franquicia experimenta cosa semejante: en 1998, con motivo del XX aniversario de Halloween, Dimension Films lanzó Halloween H20 para devolver la historia a la continuidad que establecieron las dos primeras películas, con todo y Jamie Lee Curtis como Laurie Strode, cuyo personaje falleció fuera de cámaras en Halloween 4 (1988), estaría muerto otra vez para Halloween: Resurrection (2002) y regresó a emparejar el marcador este otoño. A cuatro décadas de que el largometraje original sacudiera el cine de terror, la historia se repite. ¿Será que, así como Michael Myers hace de las suyas cada 31 de octubre, cada veinte años nos llegará un nuevo episodio de Halloween que elimine los anteriores?

Más allá de la curiosidad, es interesante lo que este caso significa para una industria cinematográfica que no se cansa del refrito: Halloween de 2018 es solamente el preámbulo de una inminente avalancha de requels que buscan revivir franquicias arruinadas por la sobreexplotación. El segundo caso ya está en puerta: 2019 nos traerá Terminator 6, secuela directa a la legendaria Terminator 2: Judgement Day de 1991 que sacará del canon las películas que aparecieron entre 2003 y 2015. Situación idéntica será la de RoboCop Returns, anunciada en enero pasado como una continuación más digna de la cinta de 1987. Incluso hará el guion Ed Neumeier, el escritor de la primera.

Qué recurso barato, ¿no? ¿Quién en el ámbito literario podría tomarse semejantes licencias sin recibir del lector los peores calificativos? Bueno, Hollywood no solamente lo hará, sino que de paso ganará mucho dinero con ello. Y somos los propios cinéfilos quienes debemos golpearnos el pecho: con nuestra constancia le otorgamos a los estudios una goma para que borren sus tropiezos y nos vendan hoy lo que merecíamos entonces. ¿Y qué sorpresas nos aguardarán? ¿Será posible que ahora sí hagan una versión de Highlander II que tenga sentido? ¿Acaso Jason Patric y Kiefer Sutherland se reunirán en un filme de The Lost Boys sin los Coreys? ¿Steven Spielberg rodará una cinta de Indiana Jones que olvide los platos voladores en favor de otra reliquia bíblica? ¿Qué tal una segunda parte de Jaws que no sea risible? Ojalá nos dieran también una secuela de la primera película de las Tortugas Ninja, obscura y violenta como debió ser The Secret of the Ooze. Y no se olviden de otro final para la trilogía The Matrix, por favor.

Es un recurso barato, sí, pero cuyas posibilidades son tan grandes como la imaginación de los escritores. En las manos adecuadas, estas requels harían maravillas con franquicias estropeadas por la ambición ejecutiva y la pereza creativa, como demuestra el desempeño crítico y comercial de la actual Halloween, pero mucho me temo que Hollywood, igual que los Strange Fruit, se las apañará para meter la pata de nuevo.