Por Manuel Ayala / Fotos: Virginia Gómez

Un concierto totalmente íntimo, lleno de pasión y desgarradoras melodías, fue lo que nos ofreció el músico español Javier Corcobado, el pasado viernes 2 de noviembre en el Club Paradise, en lo que significó su primera visita a Tijuana, ciudad fronteriza de la que quedó muy contento y agradecido.

Desde temprana hora, sus fieles seguidores se dieron cita al evento, el cual estuvo marcado por la cordialidad y respeto que le mostraron siempre al músico que lleva más de tres décadas en la escena de forma intachable, incluso cuando este les pidió a todos que dejaran a un lado su celular y se concentraran en la música, llamado al que todos respondieron sin disimulo alguno y con ferviente clamor.

“¿Por qué estoy tan triste?” fue la rola con la que el también poeta y novelista inicio su viaje por los senderos del desamor, la desolación, el extrañamiento y la soledad, elementos que suelen estar siempre presentes en cada una de sus canciones, tan llenas de oscuridad desgarradora.

Continuó con “Carta al cielo”, una de las canciones más aclamadas por el público, lo que provocó una conexión inmediata y vínculo que estremeció por completo a las personas que entonaron su letra a todo pulmón: “Miles de ángeles ya murieron/ por beber besos de luna llena/ pero dejaron sus dulces huellas/ sacrificadas en nuestras venas/ nadie me besará cuando yo muera”.

La calma regresó con “Dientes de mezcal”, la sublime melodía llenó el lugar en un ambiente de melancolía, con el cual le dio paso a “Pídele a Dios”, una excelsa melodía compuesta por el veracruzano Armando Manzanero y que Corcobado le ha puesto su sello tan característico lleno de oscuro sentimiento, una triada de románticos boleros que se concretó con “Bravo”, canción desgarradora que hizo brindar a más de uno entre el público presente.

Los ánimos se encendieron totalmente cuando en el escenario, con cigarro en mano, Javier comenzó la tenue melodía de “A nadie”, una de las canciones más conocidas y coreadas de la noche: “A nadie/ dedico mi única canción/ mi voz se quiebra ante la destrucción/ de mi tierra hermosa/ víctima de mi error.

Sensación que se fundió en una soberbia exaltación de los presentes cuando continuó con “Te estoy queriendo tanto”: “El amor es algo que viene y se va, como las golondrinas”, frase que levantó el clamor adolorido de otros cuantos incautos que parecía estaban realmente adoleciendo en cada una de las canciones. Incluso hubo quienes se pararon a bailar de manera romántica esta melodía.

Después de una breve pausa para presentar a los músicos que le acompañaban: Óscar Aparicio en el trombón, Jaime Yakaman en la guitarra y Nacho Colis en la batería, los ánimos regurgitaron nuevamente con la reconocida canción “Ella ya me olvidó”, una rola que Leonardo Favio hiciera totalmente famosa entre generaciones pasadas y que ahora Javier retoma gracias a esa pasión que tiene por los boleros.

Tras este momento, Javier hizo una pequeña pausa para decir a su público que “cuando se viene a un concierto, es mejor retenerlo en la memoria y no en los celulares”, por lo pidió amablemente que dejaron por un momento a un lado el aparato electrónico, y agregó que “si veo a alguien con un celular, lo voy a machacar con mis botas”, lo que generó nuevamente el júbilo de la gente y respetuosamente todos dejaron el móvil abajo.

llegaron entonces rolas como “El jinete”, otra de las más aclamadas de la noche; “Gitanita”, “La libertad”, “Sangre de perro”, entre otras, cerrando así más de hora y media de puro gozo y satisfacción, sin embargo, había que pedir todavía la otra, como suele ser costumbre cada que “termina” un show.

Fue así que Javier junto con sus músicos regresaron al escenario para interpretar “Somos”: “Somos un sueño imposible que busca la noche/ para olvidarse del mundo del tiempo y de todo”; finalmente culminó el evento con tremendo festín con la rola “Caballitos de anis”, lo cual hizo que todos se levantaran de sus asientos y comenzaran a saltar y bailar por doquier.