Por Eriko Stark

Había menos de 300 personas, era una de tantas marchas clandestinas en este enorme trayecto que ha recibido una infinidad de reclamos. A pesar de haber tan pocas personas cuando entraron a la calle de Madero, el grito de las madres y sus familias que claman justicia destruyó la cotidianeidad de nuestra población. Las madres habían llorado durante el trayecto, pero era el momento, su momento, su verdadera hora de hacer que la voz llegara a las personas correctas.

Los policías tomaron por decisión y respeto crear un cerco de mujeres que les fueran abriendo paso a todas estas personas que han perdido a sus hijas, a sus hermanas, a sus madres, a sus mujeres. La calle más transcurrida se convirtió en una ola de colores rosas y morados, de cruces escritas con nombres de todas las que salieron de sus casas y nunca volvieron, una ola de coraje acumulado de seis años de feminicidios donde nuestras autoridades no han dado voz ante estos infortunios, donde han liberado a los culpables, donde la corrupción ha palpado los derechos humanos, donde la humillación no termina. Ellas no están muertas, por eso estamos marchando.

El 3 de noviembre, a las 10 de la mañana, en el Ángel de la Independencia se llevó a cabo “El día de muertas”, una manifestación que le reclama a nuestros gobiernos su trabajo para la sociedad mexicana. El feminicidio en México se ha convertido en uno de los problemas más graves a nivel nacional por superar las estadísticas donde 7 de cada 10 mujeres son asesinadas y las tres restantes han sufrido violencia, abusos o acoso de manera física y verbal.

Los feminicidios en México han ido en aumento debido a la violencia incontrolable que el gobierno mexicano ha esparcido con la guerra contra el narcotráfico, la trata de blancas, el esclavismo, los movimientos religiosos de ultraderecha y la violencia de género desde las esferas familiares hasta las esferas capitalistas han sido partícipes del femigenocidio. Por si fuera poco, la sistematización de la muerte ha revelado otro problema grave en el feminicidio, grupos de asesinos individuales dedicados al asesinato de mujeres para crear un Estado de terror, asesinos pagados por los mismos gobiernos.

La profundidad del problema ha superado el entendimiento de las personas avocadas a la lucha de los derechos humanos, los medios de comunicación han manipulado los conteos y los casos, así como la frecuencia con la que pasan y el tratamiento de cada caso; es imposible saber la cantidad de feminicidios, así como la capacidad e integridad de las asociaciones para enfrentar los casos y dar seguimiento a las familias, el panorama es tan desolador que en la marcha se veían a madres que recién habían perdido a sus hijas y sus casos no habían sido abordados por los medios al no ser considerados lo suficientemente escandalosos para ganar audiencia.

Desde el Ángel hasta el Zócalo el movimiento compuesto por la organización Voces en Ausencia en conjunto con activistas y periodistas que han tratado de ejercer una presión política a los casos que nadie ha querido trabajar y han quedado olvidados ante la manipulación mediática.

El 3 de noviembre no es un día para recordar, es un día para exigir y esta marcha representa el cierre de un sexenio que no cumplió, que su responsabilidad no se deslinda, aunque no gobierne.

Las mujeres que han sido asesinadas y desaparecidas son mujeres que estaban cambiado a la sociedad para un bien en común. Este problema no debe de sernos ajenos ni tampoco debemos permitirnos ser sumidos por la violencia que nos rodea, se deben crear estrategias desde nuestros contextos para comenzar a generar cambios. Este reto continua, y seguimos marchando por ellas.