Por Manuel Ayala / Fotos: Joebeth Terríquez

Ihar Tskihanyuk y Sergej Lipnicki, originarios de Bielorrusia, llegaron en septiembre pasado a Tijuana con la idea de encontrar asilo político en Estados Unidos. Ambos eran integrantes y activistas de la comunidad LGBTI de su país.

Vienen huyendo de la persecución y represión política que la autoridad bielorrusa –comandada por su presidente Aleksandr Lukashenko- ha venido instrumentando gracias a la ley contra la promoción de la homosexualidad que promulgó la Duma rusa en 2013, y que adoptó también su país, la cual permite castigar a todas aquellas personas “que informen sobre relaciones sexuales no tradicionales”.

Ambos se encuentran actualmente albergados en el centro de rehabilitación conocido como Jardín de las Mariposas, ubicado en la colonia Juárez en la Zona Centro de la ciudad, a unos cuantos kilómetros de la garita de El Chaparral.

Afuera del Jardín de las Mariposas hay una lona con el nombre del lugar.

Éste es un centro que se encarga de tratar a pacientes de la comunidad LGBTTTI con alguna adicción. Sin embargo, en los últimos meses ha tomado también la función de albergue gracias a la afluencia de migrantes de la misma comunidad que, por cuenta propia o en caravanas, han salido de países de Centroamérica y del interior de México para llegar a esta ciudad fronteriza también con la intención de solicitar asilo en el país gobernado por Donald Trump.

Previo al encuentro que sostuvimos en este lugar, justo un par de semanas de que supimos que estaban en esta ciudad, resultó curioso saber que ese mismo día algunos elementos del grupo BETA, perteneciente al Instituto Nacional de Migración (INM), habían asistido al centro tratando de localizarlos.

Se los querían llevar para ver su estatus migratorio en el país, pero no pudieron encontrarlos y eso provocó que ambos tuvieran un poco de temor para dar nuevamente algunas declaraciones sobre la situación que los trajo a la esquina de México.

Huyeron de Bielorrusia por la homofóbia permitida que existe en esa región.

Dadas las contrariedades con el idioma de ambos –ninguno habla inglés, mucho menos español-, nuestra herramienta para poder comunicarnos fue la aplicación del Google Translation, cosa que aunque un poco complicada para el uso y entendimiento entre todos, no impidió que Ihar Tskihanyuk comenzara comentando que a pesar de que cuando llegaron a la Ciudad de México les robaron todas sus cosas en el Aeropuerto y que ya en Tijuana cuando asistieron a las inmediaciones de El Chaparral para tratar de solicitar el asilo, éste les fue negado, aun así tenían la esperanza de poder ingresar al país vecino y la firme idea de nunca más regresar.

Para ellos la situación en su país y gran parte de la Europa Oriental está tan grabe que ha llegado al punto de que hay matanzas sistemáticas y periódicas de homosexuales, se genera violencia física y se cierran clubes para detectar a los disidentes para condenarlos, discriminarlos y criminalizarlos por cosas tan banales como que ellos son los culpables de todos los males que aquejan a su comunidad, lo cual hace que todo sea “más peligroso”.

Ihar recuerda que durante su infancia y adolescencia era común “vivir encerrado en el clóset” y no mostrar las preferencias sexuales en público por temor al rechazo, sin embargo, sabe bien que todo “empeoró” luego de que la Duma rusa aprobara casi por unanimidad (436 votos en una cámara de 450 diputados) la Ley contra la promoción de la homosexualidad dirigida a menores –en junio de 2013-.

Sergej escucha con atención las preguntas que se le hacen a pesar de no entender español.

Esta ley incentivó que se incrementara la persecución, violencia, encarcelamiento, escarnio público e incluso el asesinato de personas de la comunidad, no solamente en Rusia, sino en otros países de la región –como el suyo- donde también se tomó como propia.

Ante las fuertes reacias que hubo contra la comunidad LGBTI durante ese periodo de transición de la ley, recuerda afligido que él y otro grupo de activistas homosexuales, lesbianas y transexuales conformaron un frente para proteger la vida de la comunidad y llamar así la atención internacional para visibilizar los problemas que estaban padeciendo.

Como respuesta a esas acciones, el líder del país bielorruso, Aleksandr Lukashenko, a quien conocen como “El último dictador de Europa”, ajustó las leyes de su país para poder actuar en contra de los disidentes y comenzaron entonces acciones agresivas contra la misma comunidad, con lo que se empeoró incluso la situación de estas personas.

Ihar, antes de huir de su país se dedicaba al activista pro LGBTI.

Por esos mismos años, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos envió una nota de protesta para que las autoridades bielorrusas dejaran de perseguir y discriminar a la comunidad LGBT, pero las autoridades del país y su presidente ignoraron las recomendaciones de la organización.

Desde entonces la reacción de las personas en su país ha sido “muy agresiva” y los homosexuales, lesbianas y transexuales han tenido que guardar muy bien su orientación sexual para evitar agresiones o incluso la muerte.

En las redes y en los medios de comunicación uno puede cerciorarse de lo que sucede no solo en su país, sino en Rusia y los alrededores –comparten ambos-, lo que provocó la acción que han realizado grupos como las Pussy Riot, quienes fueron encarceladas por atentar contra la iglesia ortodoxa.

Ihar muestra su playera con la cara del presidente de Bielosrrusia, Aleksandr Lukashenko.

En sus países la gran mayoría son personas profesan esta religión y la iglesia ortodoxa rusa tiene una gran influencia en las políticas tanto de ese país como en Bielorrusia, en las que se establecen normas de homofobia.

“Yo personalmente enfrenté el hecho de ser víctima de la discriminación que se produce por parte de la iglesia, yo fui expulsado de mi centro religioso, se me prohibió ir a una iglesia y se me ridiculizó públicamente en una de ellas”, compartió Ihar, quien asume también que todo esto tiene mucho que ver porque la homosexualidad está considera como un trastorno mental, por lo tanto muchas personas se tratan en hospitales psiquiátricos.

Además que las autoridades apoyan firmemente la opinión pública de que los medicamentos contra el Sida provienen de la homosexualidad y por ende en libros de texto se menciona que la homosexualidad es una desviación de la norma, por lo tanto no debe ser aceptado.

Un poco consternados por la situación que les hizo salir de su país y lo que les depara el futuro.

“Es un tema muy conocido para los países de la región, son muchos casos los que se han presentado y nosotros mismos hemos sido perseguidos por eso salimos salido huyendo a Tijuana”, dijo Sergej.

Para ambos fue muy difícil sobrevivir en su país todos estos años porque siempre se encontraron frente a la discriminación en cualquier etapa de sus vidas y durante el último año simplemente no pudieron soportarlo, por eso decidieron salir, aunque no se quedaron en algún otro país de Europa porque creen que hay un alto nivel de discriminación racial.

“Nosotros ya no podíamos soportar esta situación, ni física, ni psicológicamente, por lo que perdimos la fe de que en Rusia o Bielorrusia algo pueda cambiar de esa situación… Fue muy grande la agresión y la persecución, por eso decidimos salir y pedir asilo político en Estados Unidos”, compartió.

Tratando de comunicarnos y lograr la entrevista a pesar de la barrera de idiomas.

El traslado que tuvieron que hacer para llegar a esta ciudad fue de Bielorrusia a Moscú, después a Madrid, para posteriormente pasar por La Habana, la Ciudad de México, Cancún y de ahí a Tijuana, traslado que piensan que en próximos días estarán realizando algunos amigos o conocidos de la comunidad, porque “simplemente es insoportable vivir allá y seguramente vendrán a solicitar también el asilo”.

Por eso ellos ya no quieren regresar a su país, y ni lo piensan, tienen la firme idea de que llegaron para entrar a Estados Unidos porque, a pesar de que consideran como algo “muy malo” lo que ha hecho Donald Trump generando una división con el tema del gran muro, ese país les parece que “es un ejemplo de alta democracia”, para ello ya solicitaron la ayuda de Amnistía Internacional, institución que les está gestionando un permiso especial para refugiarse en Los Ángeles, California.

Después de estar acostumbrados a la idea constante de que en su país culpan a los homosexuales por todos los problemas que ahí existen, ahora quieren vivir con seguridad, en un lugar donde la presión de la persecución y la discriminación no les afecte, en donde no tengan ese tipo de amenazas que tenían en su país.

“Allá éramos obligados a escondernos en nuestras ciudades de todas las formas posibles, porque si quieres sobrevivir tienes que ocultar tu orientación sexual, porque si la sociedad conoce y se da cuenta sobre tus preferencias sexuales, simplemente no te dejarán vivir… por eso ahora soñamos con la paz y la igualdad”, concluyó Ihar con un semblante un poco más resplandeciente y aliviado.