Por Nicole S. López Baeza

“Es erróneo escribir sobre alguien con quien no se ha compartido al menos un poco de su vida.”

Ryszard Kapuściński, “Another Day of Life”.

Ryszard Kapuściński (Pinsk, actualmente Bielorrusia, 4 de marzo de 1932 – Varsovia, 23 de enero de 2007) fue un periodista, historiador, escritor, ensayista y poeta. Considerado como uno de los grandes narradores de nuestros tiempos, dedicó la mayor parte de su vida a viajar por países en vías de desarrollo y reportar sus conflictos con gran detalle, añadiendo un tinte literario y en muchas ocasiones sin citar fuentes reales, pues la política limitaba que la mayor parte de estos reportajes salieran a la luz. Fue autor de grandes obras de historia contemporánea, que combinan el reportaje periodístico y la literatura, las cuales se analizan a detalle en Los cínicos no sirven para este oficio. Este libro recoge conversaciones moderadas por Maria Nadotti, en las que podemos conocer la filosofía de Ryszard en relación a la responsabilidad intelectual, la ética, y el reto del periodismo ante las nuevas tecnologías.

Como se dijo con anterioridad, el tema de la vida de Ryszard fueron los pobres, el Tercer Mundo. Ryszard se establecía en estos países por largos periodos de tiempo, mezclándose entre la gente, viviendo como ellos; en base a su propia experiencia, aquello que observaba y lo que ellos comentaban, componía sus relatos. Defendía que el periodista debe tener un conocimiento directo de lo que se habla, tanto a nivel físico, emotivo y a través de los sentidos, sin ningún tipo de filtro. Debe tener, además, una gran resistencia física y psicológica para enfrentarse a todo tipo de situaciones.

De acuerdo a Ryszard, existen tres fuentes para adquirir conocimiento sobre los eventos que suceden en un lugar: la gente; los documentos, que pueden ser desde periódicos hasta enciclopedias; y el mundo, es decir, todo lo que ocurre a su alrededor. La fuente más importante de ellas son las personas, pues dirigen, dan su opinión y ayudan a interpretar lo que está sucediendo. Para tener un contacto exitoso con el otro, el periodista debe saber cómo mimetizarse con su entorno, de manera que permanezca en total anonimato y de ese modo pueda generar confianza y establecer un acercamiento que brinde el material suficiente para su investigación en encuentros breves.

Los seres humanos son el centro de la historia. Un buen periodista se olvida de su propia existencia, desaparece y existe para los demás. Da voz a aquellos que no la tienen, con el objetivo principal de provocar un cambio, incluso cuando ello implica riesgo y sufrimiento. Esta profesión es totalmente incompatible con la actitud inhumana del cínico.

“Todo periodista es un historiador”, expone Kapuściński. Para poder hablar sobre un hecho, el periodista no solamente debe ser testigo de lo que está ocurriendo en el territorio y a sus alrededores, sino también documentarse en relación a lo que ocurrió en el pasado y deducir lo que podría suceder. El periodismo real relata los hechos, pero además incluye las causas y los precedentes de los mismos.

En contraste con el periodismo real, Kapuściński habla sobre el actual periodismo manipulado, en el que se busca generar dinero a través del espectáculo, dejando a un lado la búsqueda de la verdad. En lugar de ofrecer una imagen del mundo, los medios buscan competir entre ellos y no ser desbancados; todos se desplazan a un solo sitio para cubrir la misma historia mientras en otros lugares ocurren cosas de igual o mayor importancia. La información proporcionada al público es resultado de una gran competencia entre los medios, que acaban siendo quienes determinan qué y cómo pensar.

“El problema de las televisiones y, en general, de todos los medios de comunicación, es que son tan grandes, influyentes e importantes que han empezado a construir un mundo propio. Un mundo que poco tiene que ver con la realidad. Pero, por otro lado, estos medios no están interesados en reflejar la realidad del mundo, sino en competir entre ellos.”  (Kapuściński, 2016)

Con esto concluimos que Los cínicos no sirven para este oficio es una lectura indispensable no solo para quienes se dedican a la labor periodística, sino para el público en general. Nos invita a reflexionar sobre la actualidad y a perseguir la búsqueda del buen periodismo, enfocado en generar cambios y en reflejar la realidad, a tiempo que nos muestra la opinión de un gran periodista y narrador en torno a diversos temas, como son: las diferencias intergeneracionales, la tecnología y su impacto en la forma de hacer periodismo y otros.