Por Mauricio Neblina

Mi madre me cuenta que de niño, cuando me sentaban en la silla para comer, me ponía muy inquieto, pero en cuanto aparecía la lucha libre en la televisión, de repente, como por hipnosis, me quedaba viendo fijamente ese espectáculo de golpes, patadas, sangre, vuelos y magia. Era una de las aficiones que traía de nacimiento, aunque a nadie de la familia le gustara, y que sin embargo nunca me pasó por la cabeza practicar.

Ya con apenas algunos pelos en la axila, un vecino nos invitaba a su casa a jugar videojuegos, ver tele o simplemente pasar el rato antes de salir a patear el balón. A él también le gustaban las luchas y nos enseñó algunos DVDs que tenía. Fue un descubrimiento que abrió mi pequeño panorama en donde sólo existía La Parka y Octagón. Conocer a Jeff Hardy, Stone Cold, The Rock, incluso Rey Mysterio, rebobinó mi gusto por ese deporte y me volvió un fanático más constante.

Cuando en mi casa tuve televisión de paga, me levantaba cada fin de semana por la mañana a ver RAW y SmackDown, los programas estelares de la marca de entretenimiento luchístico WWE, en el mítico canal 52MX. En ese entonces podía hacerlo porque no conocía el alcohol y las primeras horas del sábado no eran tan dolorosas como lo son actualmente. Los últimos domingos de cada mes veía por completo, desde la tarde hasta la noche, los Pago por Evento, que en realidad los transmitían sin costo extra por la misma señal. La emoción que tenían las narraciones de Hugo Savinovich y Carlos Cabrera hacían que quisiera saltar del comedor al sillón de la sala con un Swanton Bomb. Épocas gloriosas para el wrestling en la televisión mexicana. Después cancelaron todo y no volví a ver el contenido violento y sexual cuando se cambiaron a Televisa y TVAzteca.

Este año vi Wrestlemania 35 en su totalidad después de una década de no hacerlo, aunque en realidad jamás le he perdido la pista a la WWE y me mantengo al tanto de las superestrellas y  storylines. En mi infancia quedé sorprendido ante un evento de esas dimensiones. Recuerdo mucho el sprint de Jonh Cena entre el ejército de sus clones sobre la inmensa rampa que conectaba con el ring en la entrada que hizo en Wrestlemania 25. Esta vez me impresionó bastante la presentación de Triple H sobre un vehículo postapocalíptico. A pesar de ello, la fácil victoria de Seth Rollins en contra de un casi invencible, al menos mostrado así durante los últimos años, Brock Lesnar, ante la inminente terminación de contrato; la humillante presentación de Rey Mysterio y su derrota en veinte segundos a manos de Samoa Joe; la lentísima pelea de las leyendas Batista y Triple H y la derrota de otro ícono como Kurt Angle en su lucha de retiro, me hacen pensar que, aunque muchos se nieguen a aceptarlo o no estén de acuerdo, los mejores tiempos habitan en un pasado que jamás volverá y de ellos sólo tenemos los recuerdos guardados en nuestro cerebro y los videos de YouTube.

Por cierto, algo de culpa siento porque no pagué por ver Wrestlemania 35, lo vi en una señal pirata conseguida en internet. El próximo año prometo ver la nueva edición del evento de manera correcta y legal, espero me decepcione menos. ¿Alguien coopera?