Por Mauricio Neblina

En busca de mi siguiente lectura, encontré entre mis pequeñas torres de libros Bisontes, de Daniel Espartaco Sánchez. A causa de mi mala memoria no recordaba que lo tenía. Me parece que lo compré en la pasada Feria del Libro del Zócalo de la CDMX. Leí la contraportada para recordar de qué trataba. En ella hay un fragmento de las primeras páginas de la novela:

“- ¿Homenaje? -preguntó Miguel Habedero, autor de Walden tres y Caminos de desolación.

– Sí, homenaje -respondió la voz de una mujer con acento del norte.

– No estoy muerto -dijo, y colgó el teléfono.

El teléfono suena otra vez:

– Aún estoy vivo, y aunque estuviera muerto no merezco un homenaje.

– Queremos que venga a Chihuahua y nos hable de su obra. Yo misma seré su guía.”

Estudié en una pseudouniversidad privada que no necesita ser más mencionada. A mitad de la carrera las ansias por la movilidad y el estremecimiento de la conciencia me hizo juntarme con mis amigos Dane Latino (Daniel Vargas) y Lalo (Eduardo Ramírez Lagunas) para contactar al filósofo mexicano Leonardo da Jandra con el fin de llevarlo desde Oaxaca, donde reside, al auditorio de ese centro de conciencia estabulada, pero sin la intención de realizarle algún homenaje o algo parecido.

Conocí la obra de Guillermo Fadanelli en un curso de narrativa que tomé. Fui a una presentación donde él participó y lo invité a un programa de radio. Luego de la entrevista propuso ir por unas cervezas. Ahí nos platicó sobre Da Jandra y cuando se nos bajó la borrachera tuvimos la idea de invitarlos a dar una charla juntos, como lo habíamos visto en un video de YouTube en la Pulquería Insurgentes.

Pensamos que si versaba sobre el papel de la juventud en la sociedad sería atractiva para varios compañeros. Promocionamos la conferencia en las clases proyectando videos. Pedimos a la pseudouniversidad apoyo económico para el traslado del filósofo desde Oaxaca y, según, no tenían presupuesto, por lo que pusimos de nuestra bolsa. Además, solicitamos carteles publicitarios y nos prometieron enviar correos a la comunidad estudiantil con la invitación. Esta empresa privada, que cobra miles de colegiaturas, sólo nos dio cinco cartulinas con el diseño que habíamos hecho sobre la visita de los escritores y los correos nunca se mandaron. Fuimos a la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM a pegar uno de estos carteles y los demás se los dimos a conocidos de otras pseudouniversidades para intentar aumentar el cuórum.

Ninguna autoridad recibió a los invitados ni se involucró en nuestra organización con el fin de ayudarnos. En esos centros de amansamiento nadie se preocupa por promover el conocimiento y la reflexión. Al evento sólo asistimos alrededor de veinte personas en un auditorio con cupo para más de cien. Evidentemente los ponentes comentaron sobre el lugar donde estaban. Sólo los miopes creen que no se puede ejercer la conciencia crítica del lugar que habitas, aunque sea por un par de horas. Lo políticamente correcto no va con ellos. Pero es mejor que deje que las ideas las expresen quienes las tienen en el registro con fragmentos de la conferencia que aparece más abajo.

Semanas después, Fadanelli escribió sobre la visita a nuestra uni. Ya haré la reseña de Bisontes, pero probablemente no salga publicada.

Las unis. Columna de Guillermo Fadanelli publicada en EL UNIVERSAL: AQUÍ.