Por Elena Fonsalba

Elephant in the room (Hay un elefante en la habitación). Esta expresión fue utilizada por el cineasta Gus Van Sant para crear una visión propia de la Masacre de Columbine, una historia americana que retrata el odio hacía su propia comunidad cuando dos jóvenes asesinan a sus compañeros de escuela en un día cualquiera. El acoso escolar se pensaría como una de las razones por las cuales se cometió el crimen, pero en realidad, la vida en ese instituto era asquerosa, tanto que en algún momento otra persona hubiera cometido una locura, es esa razón por la cual se utiliza la expresión “Hay un elefante en la habitación”, porque desde muchos años atrás había un problema gordo que nadie quería ver, o más bien, nadie quería prestarle atención.

Siempre hubo algo grande, siempre hubo algo enorme que se encontraba en medio de La Plaza Garibaldi, ese elefante pintado de colores patrios era el secuestro de un espacio que durante años se ha visto presa de la violencia y el control de los hombres —por cierto, era una lucha de machos que se la pasaban demostrando a ver quién la tenía más grande en este negocio del poder—. Los eventos del pasado viernes 14 de septiembre en medio de La Plaza no deberían de sorprendernos, de hecho, si no eran ellos hubiera habido otras balaceras más estrafalarias, otras cifras de heridos y muertos. Muchas de las personas que viven y trabajan ahí no parecen sorprendidas, siguen al ritmo de la música y la bebida cantando “La Cucaracha” mientras el ruido de las detonaciones parecen tan familiares que las llegan a llamar “cohetes”. Los videos donde las personas corren para resguardarse resultan familiares a las imágenes de la Masacre de Columbine. Vemos en pantalla a un grupo de jóvenes sicarios que planean un golpe en contra de sus rivales con toda la calma del mundo, a plena luz de la noche, en las narices de los policías, con trajes de mariachi comprados en el mercado de la Lagunilla, especializado en la venta y confección de estas ropas y otros disfraces; vemos una operación planeada desde hace dos meses donde se trazaron las rutas de escape, vemos como El Callejón de la Amargura le falta luz a diferencia de La Plaza y otras calles aledañas, vemos como las detonaciones fueron hechas por un arma corta y un rifle de asalto, vemos diferentes ángulos de la balacera, vemos como los sicarios/mariachi huyen en tres motocicletas; vemos como las mujeres de colonias de clase media se sorprenden ante la falta de empatía por parte de la gente que trabaja (y la gente que sigue divirtiéndose y bebiendo); vemos las imágenes de los cuerpos tirados, de la ropa caída, de la sangre y los objetos regados en el suelo; vemos a los policías poner cintas en la escena del crimen y también a los especialistas llevarse los cuerpos con mantas blancas; vemos las ediciones de varios noticieros que recrean la escena una y otra vez con más música, con más morbo; vemos a un señor cantar “La Cucaracha” mientras suenan los disparos, vemos las escenas creyendo que es la primera vez que ocurre algo así en Garibaldi, pero no, no es la primera vez, es la suma de tantos años de corrupción e impunidad, es ese elefante patrio que ahora es más grande que la misma Plaza.

La noche del 15 de septiembre parece tranquila, la gente canta y celebra, los niños truenan cohetes a la altura del Callejón de la Amargura, la escena del crimen se encuentra fresca, custodiada por dos policías comunes; una escena que continua hasta la esquina del Oxxo que cruza con la calle de Allende y Honduras, una escena que se despliega con la oscuridad y las amenazas de los narcos; los locatarios decidieron no abrir porque fueron amenazados, una de ellas era la esposa de uno de los líderes del cártel conocido como la AntiUnion Tepito, sólo había un par de policías vigilando el área y otro par más en la altura del Eje Central. La seguridad estaba diciendo que no le importaba semejante situación. Los mariachis cobraban de 120 a 150 pesos la canción, nadie estaba dispuesto a moverse de la plaza, ni mucho menos a entrar a las calles de Tepito, ni por 3 mil pesos: ellos comienzan a relatar que cuando iban al barrio eran asaltados o extorsionados por los mismos sujetos que los contrataban, que los encerraban en sus casas y los obligaban a tocar toda la noche mientras les invitan chupe y perico, por si fuera poco, el negocio como mariachi estaba decayendo, ahora se contrataban a grupos de banda ranchera. Los antros de la zona seguían funcionando regularmente, las estructuras y la música de moda impedían que cualquier sonido externo interrumpiera, nadie se dio cuenta del tiroteo, solo los videos donde la gente corre eran testimonios de aquella masacre, pero era el 15 de septiembre, era momento de olvidar a ese elefante una vez más, era momento de celebrar el orgullo de ser mexicano.

Las primeras notas hablaban de que nunca se había visto semejante tragedia, con el paso de las horas las notas comenzaban a revelar indicios de lo que ocurría en Garibaldi, la lucha por La Plaza generó tanta violencia que las personas que trabajan estaban tan familiarizadas que parecía no importarles esta clase de situación, que hasta ellos eran cómplices de la mafia: “En Garibaldi todos son halcones -me dice la señora que vende flores-, el vendedor de esquites, y hasta el niño que está en la esquina”. La información recabada por Héctor de Mauleón era falsa, las amenazas a los locatarios revelaban que los cárteles se estaban apoderando de los negocios justo como Susana Iglesias lo revelaría en su crónica. Otros medios afirmarían que los grupos delictivos han amenazado y extorsionado a comerciantes, mariachis, locatarios y trabajadores en general. Pero su principal presa eran los antros.

Algunos piensan que la ola de corrupción y violencia se dio cuando el Jefe de Gobierno Miguel Ángel Mancera comenzó su administración en el año de 2012 con una serie de políticas que ejercieran presión sobre los antros, bares y giros negros de Garibaldi, uno de los hechos que desataría la violencia fue el asesinato de Malcolm Shabazz el nueve de mayo de 2013, nieto del activista Malcolm X, quien fue golpeado en uno de los bares al cobrarles una cuenta ficticia de 1200 dólares, en Garibaldi, no se paga con esta clase de moneda, únicamente con pesos.

En el año de 2015 comenzarían una serie de operativos contra la trata de mujeres en Garibaldi y toda delegación Cuauhtémoc, la idea de erradicar el trabajo sexual de los antros era un plan para el futuro del turismo, este plan era la privatización del Primer Cuadro de la ciudad para ejercer un turismo a otros países olvidando por completo a sus propios habitantes, un turismo que promueve la diversión escondiendo literalmente todas las realidades como la prostitución, el consumo y venta de drogas, la pobreza que cohabita en el Primer Cuadro.

Los operativos comenzarían en el mes de septiembre de 2015,  después, Mancera declararía la ciudad amigable gay cambiando el giro económico del espacio. Los antros y bares se incrementaron, pero de la misma manera otros lugares sufrieron cierres forzados, el trabajo sexual se redujo, solamente había espacio para las mujeres transgénero porque eran más fáciles de someter y tratar al no tener hijos. Los espacios homosexuales cada vez se vieron más contaminados por la moral desapareciendo los cuartos oscuros y aumentado el consumo de drogas, hasta la fecha se registran tres cuartos oscuros en el Primer Cuadro: uno en el Go Bar, otro en el Citrus y el último en el Teatro Garibaldi, los demás cuartos estaban distribuidos por Zona Rosa, Condesa y Polanco; cada uno de igual manera limitado y en condiciones deplorables.

Muchos se preguntan de qué manera las drogas llegaron a poblar el Primer Cuadro, la respuesta se encontraba en la comunidad gay al ser considerados los principales consumidores de drogas. Era la noche del 16 de septiembre, ya había pasado el grito, me encontraba en uno de los antros gays. Lo primero que observé fue una enorme estructura que alberga diferentes salas dedicadas al baile y la música, unas más glamurosas que otras. Me interné entre la danza de los hombres —muchos de ellos eran realmente atractivos— me sientí intimidada por su belleza, su cutis y su forma de moverse en la pista, eran realmente hombres muy guapos. Decidí acercarme a los travestis para conocer la situación, ellos/ellas me pidieron que las llamara “Drag queens”.

“El ambiente aquí en la ciudad es más descarado”, dijo un joven de provincia que imitaba a una reina salida de la década de los ochenta: “espérate a las 5 de la mañana y te vas a dar cuenta que todos ya se andan drogando descaradamente. La primera vez que vine me sorprendió ver cómo me ofrecían drogas en el baño, era todo tan normal, tan abierto que hasta risa me dio, no podía creerlo… todavía en provincia es más discreto el pedo, ya sabes, que el dueño les invita a sus amigos y nadie sabe quién es el dealer, pero aquí todos lo ubican, todos saben con quién ir…”. Después de la corta charla llegaron unos chicos afeminados a pedirle fotos a la Drag y decidí dejarla trabajar. Había hombres vestidos de negro checando que los travestis trabajaran y no se pasaran hablando o descansando, su trabajo era animar la fiesta de la misma manera que se animaban las noches antiguas donde las mujeres invitaban a los hombres a pasar a la pista para que las penetraran, para que se las cogieran mientras los demás las miraban como un live voyeur, no sin antes ver el obligatorio show travesti de imitación. Quién diría que la modernidad haría sobrevivientes a los travestis.

En el camino, llegué a una terraza donde miré de lejos La Plaza, esa Plaza que ha cobrado tantas vidas, tanto poder, y todo se sentía tan desolado.

Cuando Ricardo Monreal tomó la administración en la delegación Cuauhtémoc en 2014 la inseguridad y la corrupción hicieron todavía más gordo al elefante, la violencia en el Primer Cuadro vulneró completamente a los empresarios que en cierta medida habían adaptado sus giros a la ciudad amigable gay, la lucha entre Mancera y Monreal por controlar la economía había provocado el cierre y suspensión de varios antros con pretextos absurdos basados en las reglamentaciones para la venta de alcohol y las medidas de higiene, aforo, contaminación auditiva y otras tantas medidas que eran imposibles de cumplir, medidas escritas en la década de los cincuentas que los dueños tenían que enfrentar pagando mordidas para volver a reabrir sus negocios que eran invadidos cada tres o seis meses, pero principalmente en el mes de septiembre era cuando Garibaldi se convertía en presa de la extorsión. Como un pequeño detalle, cada antro incluía un vendedor de drogas impuesto por los huevos de ellos y de sus “patrones” a los cuales se les daba una cuota, patrones a veces vestían de policías, a veces de delegados.

Desde 2015 se comenzaron los operativos donde granaderos hacían redadas, en algunos casos se llevaban a homosexuales acusados de ejercer el supuesto trabajo sexual y colocar sellos que iban desde 20 mil pesos a cifras de cientos de miles, el robo de dinero nunca se había visto tan fuerte y descarado desde que el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el partido Morena habían tomado el control del Primer Cuadro, su visión de izquierda era una farsa para enmascarar a un grupo de empresarios caciques y peligrosos que además, pactaban en secreto con los narcotraficantes que ellos mismos iban instalando hasta el punto de ver células delictivas que superaban a 20 miembros, todos ellos trabajaban en la mayor parte de los antros vendiendo drogas, hostigando a las personas que compraran drogas en otro sitio, desatando peleas internas, cobrando derecho de piso a las mujeres transexuales que se prostituían.

“Esta situación no es nueva, desde hace décadas los antros de la comunidad gay se han visto secuestrados por los narcotraficantes, y no sólo por ellos, el mismo gobierno te obligaba a vender las drogas, pregúntales a los dueños de Zona Rosa, yo trabajé durante diez años ahí en la década de los noventa, todos fuimos testigos de semejante fraude”, me comentó uno de los dueños de otro antro que visité, quien se animó a contarme la situación con la condición de que no revelara el lugar ni su nombre, el tiempo es igual de corto, me permite una pregunta más.

—¿Por qué hay tantos consumidores homosexuales?

—La intención de nosotros como un antro diverso es brindarles una experiencia diferente. Muchos, creo que todos los dueños coincidimos que antes, un antro gay era un lugar donde tú podías conocer a gente valiosa, intelectual, gente con la que podías hacer redes y llevarte una noche agradable, eso quedó en el pasado. Ahora míralos, los homosexuales son verdaderamente patéticos, ya no hablan entre ellos, ya no les interesa buscar un bienestar en común, es más importante ponerse hasta la madre con alcohol y drogas, lamento que mi espacio se haya convertido en un drogadero, pero este tema es generacional”.

Se despidió de mí y se acercó al escenario principal para presentar a una Rocío Dúrcal de lentejuelas verdes con aguamarina, los aplausos vienen del alma.

Para agrandar al elefante aún más, las personas que frecuentaban estos bares y antros portaban armas sin ninguna revisión. En el mes de agosto de 2017 en el establecimiento conocido como Cervecería de Banda, ubicado entre las calles de Donceles y Eje Central, se llevó una riña entre clientes, lo cual hizo que uno de los hombres sacara un arma y comenzara a disparar desde la entrada para después escapar en su Camaro amarillo,  este incidente había demostrado que Garibaldi era una tierra sin ley. Algunos clientes y travestis me contaron que en una ocasión llegó un comando armado a matar a un grupo de narcos en uno de los antros homosexuales, al darse cuenta de que se equivocaron de lugar se fueron sin que nadie les dijera nada, es más, casi nadie los vio, incluso la misma gente que trabajaba de seguridad ignoró por completo el hecho. La facilidad para ingresar armas, drogas y cualquier objeto era tan descara que, hasta los clientes, esos hombres tan atractivos, iban rodeados de guaruras o de menores de edad que los tenían embrutecidos, bailando esquizofrénicamente, todo de manera incógnita, una manera de ejercer la libertad homosexual. La clandestinidad se convirtió en un cáncer de la ciudad amigable gay.

Esa misma noche me fui al lugar más peligroso de todos, el 33, mejor conocido como el Citrus, un bar donde las mujeres transgénero celebran la noche patria al ritmo de Juan Gabriel. Sin prostitutas mujeres, las transgénero se la vivían en un estado de fiesta permanente, ellas tenían que trabajar siempre en estado de drogas, tenían que soportar las extorsiones de la madrota que a su vez ella rendía una cuota a los narcos. El Citrus es un pequeño departamento que tenía pacto con el mismísimo Diablo. Durante años, este bar ha operado de manera ilegal, un bar que es el centro de reunión de los narcos y el espacio de trabajo de las mujeres transgénero; en muchas ocasiones este bar lo cerraron y clausuraron, pero al otro día seguía operando como si nada hubiese pasado. Una de las chicas me contó que el 33 fue el primer bar del nuevo siglo en donde ellas eran queridas y aceptadas, además, otras chicas me dicen que éste fue el primer lugar donde se instalaron los narcos.

A finales de diciembre de 2017, a las afueras de este bar, un grupo de cuatro trabajadoras sexuales transgénero atacaron a una activista conocida como Kenia Cuevas.

“Imagínate bonita, que donde estas sentada La Kenia andaba tomando y que ¡Zaz Culebra! Que llegan cuatro chicas acompañadas de dos dealers, uno de ellos ya se murió, lo mataron en otro antro. Que la amenazan que porque les estaba quitando el piso y lo clientes, puras mamadas, si La Kenia se andaba tomando una chela, ella ni viene aquí wey, y que se le avientan. La Kenia se defiende de las primeras dos chicas, las baja al suelo, de por sí está medio macha La Kenia, vele sus brazotes. Las baja al suelo y en eso uno de los dealers saca una navaja, se la dá a una de las chicas, en ese momento me aterré, creí que la iban a matar y a todos los que estábamos ahí, yo vi que el otro wey cortó cartucho, te lo juro. La acuchillaron, justo después de que se ve la sangre llega la policía y los dealers se van como si nada hubiera pasado”.

Los diarios de nota roja se dieron goce para escribir con tonos humorísticos y sarcásticos sobre la noticia, de hecho, el tratamiento de los medios —de casi todos los medios— hablaban de Garibaldi como un espacio de degeneración de la sociedad, como uno de los más grandes prostíbulos de la decadencia humana, solamente en septiembre era reconocido como un espacio dedicado al orgullo patrio, el elefante estaba ahí, explotando de diferentes maneras a los ojos de todos.

Los hombres me miraban como si fuera una intrusa y apresuré mis preguntas.

—¿Por qué crees que atacaron a Kenia? Dices que ella no trabaja aquí.

—Ay bonita, la verdad me da miedo, luego una se mete en broncas diciendo cosas y sale peor, ya vez lo que hizo La Kenia, ¿Ya viste su video?… No… mira bonita… …  La verdad luego no es por hablar, pero aquí en la ciudad, nada más ven que una esta haciendo su trabajo y ya se la quieren chingar porque lo esta haciendo muy bien, eso le pasó a La Kenia, ella mostró un problema que tenemos nosotras como mujeres trans y a la gente no le gusto. Esas chicas que la atacaron les pagaron para darle en la madre, para que no exponga esto, que nos extorsionan, aunque aquí, en la chamba viene la quiere, si no quieres prostituirte puedes hacer otras cosas.

La presencia de los hombres es peligrosa y me despedí rápidamente, pero la chica se dio cuenta y me acompañó a la salida como si fuera mi madre.

A inicios de marzo de 2018, una riña entre borrachos orilló a una mujer a perforar a uno de los individuos con una botella rota. En la madrugada, a la vista de todos ocurrió este hecho provocando que las personas prestaran atención a este suceso, sin embargo, como si hubiera sido un show, en cuanto la policía se llevó a la mujer y los paramédicos al muerto, todos continuaron con sus actividades. Para este punto la violencia ya era algo más que natural, era un elefante que se había alimentado de todo, que estaba muy gordo, que ya no cabía en la plaza esperando el momento para gritar y matar a todos.

Es momento de volver a la historia de la masacre mexicana.

“EMPEZÓ LA LIMPIA MUGROSOS CON TODO EL APOYO DEL COMDT. muerto Y LA ‘Policia D GARibaldi y Los federaleS DE Lopez.. porque ni QUE CJNG ni que LA VERGA ya VAMOS POR Ti y POR Todos los MUGROSOS K Reclutaste con tu AntiUnion. QUE EmpieZE EL DESmaDRE PERRA TORTA” (sic).

Como si la manta hubiera sido escrita entre narcos y policías con una estética de colores negros y rojos, con escritura alterada que buscaba evidenciar la pobreza intelectual de los criminales, una manta que tiene un costo aproximado de 100 a 150 pesos, una manta colgada en un puente que desataría el horror cuando fue descubierta, una manta que muestra el ataque directo a los cárteles que se disputan las zonas de venta. Los cuerpos desmembrados, expuestos en la avenida Insurgentes y Flores Magón en la colonia Nonoalco Tlatelolco eran el resultado de la guerra por el control de las drogas después de la muerte de Pancho Cayagua. De Mauleón asegura que la muerte de Cayagua en 2017 desató un efecto de sangre que poco a poco a comenzado a cobrar las vidas de todas estas personas que luchan por el poder, el asesinato de los cuerpos que fueron echados en pedacitos fue un aviso de algo peor que las autoridades no hicieron caso porque ellas también eran parte de este conflicto, autoridades mismas que son señaladas de cómplices de toda esta guerra.

Durante años, el gobierno de Mancera se ha encargado de negar la existencia de cárteles, de manera contraria, Ricardo Monreal ha dicho que desde la entrada del presidente Enrique Peña Nieto al poder han existido los grupos criminales, a pesar de que Monreal tenía conocimiento, la violencia y el narcopoder de estos cárteles crecieron en Tepito durante su administración desatando una cantidad de violencia desmedida, una violencia que nos dejaron Mancera y Monreal cuando terminaron sus cargos, un elefante tan pesado que era imposible de mover.

La noche del viernes 14 de septiembre tres hombres vestidos de mariachi rondaron la plaza de Garibaldi, las luces del callejón de la amargura se encontraban apagadas, estaban truqueadas, era momento de acabar con los contras. Pistolas, rifles de asalto. “Esto es por lo que debes”, dijo uno de los ejecutores. Una lluvia de balas, aproximadamente 70 de ellas. La gente corrió, los policías reaccionaron lento o trataron de reaccionar lo más lento posible, todo se redujo a cenizas.

Los criminales tuvieron dos días para escapar, para esconderse. El lunes 17 de septiembre comenzaron los operativos para cazar a estos criminales. Los operativos se centraron en Tepito y la Guerrero investigando a través de detenciones hechas al azar; los policías estaban buscando de manera torpe para que los medios pudieran documentar y dar aviso a los criminales para esconderse mejor. ¿Es verdad que los policías estaban en complicidad? ¿Es verdad que los funcionarios políticos estaban recibiendo dinero por parte de los narcos? ¿Es verdad que los dueños de los antros estaban siendo extorsionados por narcos, por policías o por funcionarios políticos? La necesidad de una rendición de cuentas obligó a los jefes de seguridad pública de SSP y la PGR a presentar a los presuntos responsables del crimen: “El Huguito”, el “Quique Coronas” y “El Romel” serian lo autores de dicha masacre (¿chivos expiatorios?). La gente en Twitter se burlaba que Héctor De Mauleón sabía más sobre el caso que los policías mismos quienes usaban sus notas escritas en el periódico El Universal para llevar acabo su investigación.

Si las fuerzas policiacas logran atrapar a estos tres tipos podrían dar por cerrado el caso de La Plaza de Garibaldi, seguirán ignorando al elefante que se encuentra ahí. Sin los vendedores de droga ¿cómo los antros piensan abastecer a todos esos clientes acostumbrados a ir a beber, bailar y comprar drogas sin que ellos mismos no se den cuenta de la realidad en la que viven, aunque la tengan en la cara? ¿Cómo los homosexuales piensan sobrevivir sin drogas? ¿Por qué los empresarios de los antros se volvieron dependientes de estos vendedores, aunque muchos de ellos “aseguren” que fueron impuestos por la fuerza? ¿Los empresarios con quién tienen pacto: vendedores, policías o funcionarios? ¿Por qué la mayoría de los empresarios votaron por el Partido Acción Nacional (PAN) a pesar de que es un partido conservador y no quiere la comunidad gay? ¿Por qué los empresarios decidieron negociar en vez de denunciar como el caso de La Condesa o La Roma? ¿Por qué intentaron asesinar a Kenia? ¿Por qué Kenia es considerada peligrosa para la comunidad transgénero? ¿Por qué Kenia es peligrosa para el gobierno? ¿Los antros pueden sobrevivir sin drogas? ¿La noche puede sobrevivir sin drogas, violencia, crimen? ¿Garibaldi puede sobrevivir sin su elefante patrio?

El sol del 16 de septiembre trajo consigo la calma, los hombres atractivos que iban de la mano con otros para regresar a sus casas, el after se acabó y con ello vino el frío y el silencio. Miré el Museo del Tequila y el Mezcal, una señora que vende flores se me acercó a ofrecer unas, platicamos, me dijo que cuando se hizo el Museo fue cuando comenzaron los problemas.

“Antes, La Plaza era un lugar libre. Cuando hicieron el museo, los ladrones usaban la parte trasera para robar”. Atrás del Museo se encuentra el elefante.