Por Nothingman

¿Y si en lugar de quemarle las patitas a San Judas, mejor le sobamos las nalgas a María? Esa fue la pregunta que el Doce me hizo. La verdad no supe qué contestarle, sonaba tentador no lo niego, pero era complicado. Sin embargo, me ganó la cosquilla, ese deseo de hacer algo fuera de lo ordinario, así que al último me decidí por planear el asunto. Si lograba que el Dani no se periqueara por dos días seguidos, igual y si lográbamos el objetivo, además, el Doce andaba todo animado, ya tenía varias semanas dándole con el mismo tema, y en el barrio todos se abrían a la brinza cuando el Dani se ponía jáiper, nadie se animaba a un topón con él, los japs más rápidos de la Tierra y Liverpool.

Yo me paniquié una leve al principio, pero después reflexioné que por pensamientos como los nuestros se había bifurcado el cristianismo, nada malo podía salir de nuestro objetivo, a lo más, otra jainita que venerar en el santuario de las desaparecidas. Después de todo siempre quise bajar a la María de su pedestal de virginidad, el mundo no está hecho para que existan mujeres intocables, es un desperdicio, mi padrastro siempre decía que no se podía confiar ni de los sacerdotes ni de las vírgenes, porque no conocían los pecados terrenales. Yo la mera neta sí creía en ese debraye.

La María era un manjar prohibido, un ejemplar en peligro de extinción, la barita de sauco desde la Durangueña hasta La Victoria; hija del tendero más próspero de la zona donde había nacido ciudad travesti, un ruco que agarraba a batazos a quien se atreviera a robarle en su abarrotería, un tipo duro, de madera de roble y temple de vibranium. Parte de los motivos que tenía el Doce para entrarle al bisne era el rencor que le tenía a Don Domingo Laboral, pues de morrito le había dado unas patadas con sus botas de avestruz en el mero ano por haberle robado dos paletas payaso. Lo pescó mientras se las embolsaba y lo sacó a puro patín. Algún día el Dani se vengaría de él y esa venganza se enfocaba toda en María Laboral. Mejor conocida en el barrio como la Lupe calzón de candado.

El día se llegó. Prendí un cigarro mientras me tomaba una caguama. Un cigarrito cargado de cois pal acelere del corazón. Esperé detrás de una esquina a dos cuadras del cantón de mi bróder el Mico, el merito 12 de diciembre, umbral que terminaba con las peregrinaciones a la iglesia. Miré que el Doce venía caminando con ella y me preparé. Recuerdo que la Lupe resbaló, y al caer levantó las piernas flácidas que la caracterizaban y pude ver sus braguitas rosadas de Hello Kitty, eso sin duda facilitó el trabajo, sentí como un impulso salido del estómago, un shot de adrenalina pal coeur. Le di un trago a la guama y el último toque al tatayo bañadito. Estaba listo para la hazaña.

Pasaron tres días y nadie supo de la María Laboral. Don Domingo cerró su tienda durante esos días y se pasaba las 24 horas buscando a la niña de sus ojos. A los primeros que cuestionó fue a nosotros. Fue un viernes. Estábamos sentados en las gradas de la cancha de básquet tomándonos unas caguamas y fumándonos unos churritos de mostaza. Don Domingo con bate en mano encaró al Kaio Ken, le preguntó por su hija, pero el Kaio andaba atizadote de cemento, tenía el hocico reseco y apenas podía mantenerse en pie; no reaccionó a los gritos desesperados de Domingo. Mi compa el Monster se levantó y le dijo que con nosotros no estuviera chingando, que de seguro su huerca se había escapado con el novio, un morrito regordete y dientón que lo conocían como el Mike Wazowski. Don Domingo no lo creía, comenzó a llorar y nos pedía su ayuda. La Lupe ya tenía cuatro días sin aparecer y nadie sabía de ella. El último día que la vieron fue el 12 de diciembre cuando venía de la secundaria, eso era todo. El Doce se levantó y le dijo que no se agüitara, que la morra de seguro andaba por ahí con un morrito, que de rato aparecía.

Se dio el reporte a las autoridades, patrullas andaban dando vueltas por el barrio a cada rato, fotos de la Lupe pegadas en los arbotantes de luz, en las banquitas de la plaza y en las bardas de las escuelas. El padre Tenorio pidió por la vida de María en misa de doce. Nosotros, como de costumbre, nos poníamos a quemarle las patitas a San Juditas y a canastear un rato. Una semana después nos dieron un levantón al Doce y a mí en una patrulla de la estatal, íbamos caminando a donde el Russo para comprarle una grapita de semen de ángel cuando se nos cerró un challenger blanco. Ya en el carro nos dijeron que la mamá del Joe nos había escuchado hablar sobre sobarle las nalgas a la María y planear sabrá nuestro señor Jesucristo quién sabe qué cosas con ella. Nos dieron una calentada de la buena pero no confesamos nada, pues nada teníamos qué decirles. Nos pusieron a disposición, o eso fue lo que dijeron.

Violación y homicidio en primer grado nos dijo un licenciado. Después corrigió, esto es un feminicidio y a una menor de edad, nos iba a cargar la chingada, nos esperaba un largo rato en el botellón. Nel compa, violación mis huevos, nosotros no sabemos de qué nos hablan, sáquese a la reata y déjenos ir. El licenciado nos  miró de arriba abajo y le dijo algo al chota en el oído.

Agarraron al Doce y se lo llevaron, fue la última vez que lo vi, a mí me hicieron firmar una confesión que no dije, una confesión que me sacaron a punta de madrazos. Violación, no, no, no y no, ni Dios lo mande, les dije. Es más, le habíamos hecho un favor al catolicísimo en la cuadra, la Lupe ya no se sentía like a virgin, y a eso parna, a eso se le llama madurar. Apenas terminé de pronunciar esas palabras y recibí un golpe en la nuca. Me desmayé. Desde entonces estoy aquí encerrado, rezándole al santo patrono pa que me eche la mano, que me saque de aquí, pos que otra tirada me queda carnalito. Mi jefa dice que Don Domingo después de lo ocurrido cerró su tienda y se largó pa Juaritos, que ya tiene allá unos meses y nadie ha podido contactarlo.

—Y luego hermano, ¿qué vas hacer?

—Nada compita, no puedo hacer nada, no más recordar, recordar a la Lupe diciéndonos que le diéramos por el culo, porque quería llegar virgen al matrimonio; la neta yo no me animé, pero el Doce no la pensó dos veces y se la dejó ir. No más duró como dos minutos y ya. La Lupe se acomodó la faldita y le caminó pa su cantón. Al día siguiente la dieron como desaparecida, a mí me tienen y al Dani jamás lo volví a ver. Seguro que María se fue con el Wazowski y a nosotros nos atoraron, qué más ¿no?


Luis David Niño Segura – ldns280707@gmail.com