Por David Álvarez
Me enteré que falleció hace poco y lloré. Inevitablemente. La conocí durante dos meses, en un trabajo temporal. Me senté al lado de ella el primer día y comencé a hablarle. Se rió a la primera. Una risa contagiosa. Con los días llegaba y hablaba con ella y la confianza fue acrecentando hasta ponerle el apodo de EsmeRock e inventaba a los demás que era dueña de un cártel de La Loma, en la que era apodada “La jefa”. También hablábamos de otras cosas; sus trabajos anteriores, su profesión, sobre sus hijos, su familia; Acámbaro, Guanajuato y el por qué venir a esta ciudad. La última vez que la vi, le dolían los huesos, luego de la radiación. Siempre le preguntaba que si me iba a extrañar después del trabajo y me decía que no; ambos nos reíamos. Quizá era verdad, pero no importaba, pensaba que en algún momento, en un día cualquiera, aparecería en su memoria y eso era suficiente. Una imagen instantánea por dos meses de convivencia era una fortuna. De todas maneras, yo tampoco la iba a extrañar. Bueno, sí, un poquito.
Jim Morrison tiene esa frase que dice que la vida duele más que la muerte y, a veces, pienso que sí; no por mi vida, sino por las de otras personas a quienes el cuerpo les padece. No lo sé. ¿Hay muerte después de la vida? Sí, sí. Lo creo. Pero, a veces, me gusta pensar que hay algún rincón en el que todos nos volvemos a encontrar. Como despertar de una pesadilla y que todo esté bien. La memoria es lo más cercano a ello. Recordar. Una vez le dije que era una amargada por no reírse de mis malos chistes. Y ahí sí se rió. Me quejaba con ella del tráfico, el calor, los jefes y demás. Incluso, el último mes, me cambiaron de lugar por exceso de charla. Le conté el cómo perdí el trabajo y otras vainas. Me dijo que no me preocupara. Después me contó su caso. Me quedé mudo. ¿Qué se dice? Silencio y ya. Escuchar. Todo iba bien en ese momento. Los huesos solo eran secuelas. Había sido afortunada. O eso pensé. Pero hace días supe que no. Las imágenes se amontonan, su rostro está por todas partes y me acuesto, dedicándole esta noche mientras fumo un cigarrillo.