Por Manuel Noctis

Anoche soñé que cumplía mi loca idea de lanzarme de mojado a los United States. Desde hace algunos años he querido vivir la experiencia solamente de hacerlo sin pensar siquiera en lograrlo triunfalmente. Michoacán es un estado con altos índices de migración y son varias las anécdotas que me han contado o he conocido sobre el cruce de la frontera porque una gran parte de mi familia y amigos está en el other site. Historias como aquella de un tío segundo que cuando estaba morro, le tocó caminar un largo trayecto por una cañería, la cual conforme iban avanzando se iba reduciendo, al grado de que para poder salir de ahí tuvieron que arrastrarse varios metros, cosa que les provocó suficientes raspaduras y quemaduras por lo caliente de la tubería. (¡No mames! Yo me hubiera muerto de claustrofobia y desesperación). O aquella historia de dos vecinos y amigos de la infancia que un día decidieron lanzarse juntos y uno de ellos terminó prácticamente cruzando en brazos de su hermano, pues éste había terminado con sus tenis y sus pies totalmente deshechos por la larga caminata que habían tenido durante dos días por el desierto. (¡Chale! A mí ni caminar me gusta). También recuerdo otra en la que el primo de un buen amigo terminó ayudando a varios morritos que iban en la comitiva para cruzar un río, en el que casi terminan arrastrados por la fuerte corriente que llevaba. (¡Fuck! Y yo no sé ni nadar). Pero también hay otras historias, como la de un amigo-conocido del rancho, quien al poco tiempo de haberse asentado en tierras gringas, se atrevió a mencionar que el día que él regresara al pueblo se pondría bolsas en los tenis para que no se le fueran a ensuciar. A las dos semanas de aquel comentario la migra agarró al vato en la calle y lo lanzaron de regreso con un puñado de hondureños. Obviamente cuando llegó al rancho el cabrón no se puso las bolsas como lo había dicho, pues ni tenis traía siquiera el cabrón. (Ja,ja, por pendejo).

Aun así siempre he querido hacerlo. Me gustan los retos y este es uno de esos que me gustaría cumplir cabalmente. Sí, lo acepto, a veces se me ocurren infinidad de cosas estúpidas o absurdas. Pero qué va. Entiendan que no quiero ir, cruzar, lograrlo, tratar de vivir el ‘sueño americano’ y listo, olvidarme de todo lo que dejo atrás. Nel. Quiero vivir la experiencia. Sentir la adrenalina. Estar al borde del abismo o de la gloria. Quiero correr, esconderme. Hacerme pendejos a los de la migra o que me sorprendan en el acto. Quiero estar en un sentido de alerta bien machín. Quiero sentir las vibras en el intento. Que la gente que me acompañe me cuente durante el camino sus pobres y problemáticas vidas. Hermanarnos, echarnos la mano, hacer camaradas. Y lo sé, ya me imagino lo que estarán pensando, ya me lo han venido diciendo las personas a las que les he contado está idea: “Estás pero si bien pendejo, qué pinches ocurrencias las tuyas”.

Pero qué importa. Si me agarran en el intento qué más da. Me regreso y sigo con lo que ya tengo. ”What is the fucking problem man?”. O si de plano al final de cuentas ya estando en la frontera no me decido a hacerlo no habrá bronca, estaré más cerca de Tijuana y yo siempre he querido ir a Tijuana. Pensar en TJ me produce un placer casi orgásmico también, y eso que solamente la he visto en fotos y leído en libros. La culpa de todo ello la tienen en gran parte escritores como Heriberto Yépez con su libro de Al otro lado, el cual me fascinó con toda esa historia del “Tiburón” y su apestoso gusto por el foco, así como Rafa Saavedra, con quien tuve la fortuna de haber sido buenos amigos, de él me ha encantado todo ese trip and road que describe en sus libros, pero más me fascina Tj por todo eso que se dice casi utópica, mítica y sacrosantamente de la famosa Avenida Revolución y su eterno desmadre etílico-vagabundo en los interminables antros y cantinas de mala muerte. Bendito sería yo en la viña de la eterna fiesta y la loquera (in)mortal. ¡Amén!

Y si llegara a cruzar, chingue sú, me quedaría ahí en Califas. Tengo varios compillas y familiares en esa city y de inmediato me lanzaría a verlos, pa que me inviten una buena burguer. Sí, eso haría. No trabajaría en un restaurante o un campo de golf ni aunque me estuviera muriendo. No es por mamón, pero hay cosas que simplemente no me gustan, y unas de ellas es cocinar para otros (desconocidos) o podar el jardín y esas cosas. Además, no sirvo para ello. Podría aprender, pero no lo haría con gusto, y eso no va conmigo. Quizá mejor buscaría ser barman o cadenero en algún bar. Decidir quién entra y quién no entra a una fiesta es una acción que aborrezco pero que seguramente causa demasiado placer en el acto. Da un sentido de superioridad bien cabrón. También me gustaría trabajar en un casino. Sí, en un casino, para ver diariamente como algunas personas terminan arruinando sus miserables vidas gastando todo lo que tenían de fortuna. Sí, eso sería totalmente orgásmico y placentero.

Sé de antemano que la violencia, los grupos delictivos y las propias leyes migratorias han hecho de esta actividad algo profundamente peligroso y hasta mortal. Sé también que para ello requiero algunos miles de pesos para el maldito coyote y el transporte hasta la frontera. Sé también que mi madre se quedaría con el Jesús en la boca esperando que nada me suceda. Pero qué importa. ¡Lo pago! Me representaría la misma satisfacción que un viaje todo pagado a una playa maravillosa, puesto que la adrenalina y el placer no se mide por el lugar donde uno se encuentra, sino por el hecho de cómo uno lo vive. He visto a las personas más amargadas de mi vida tomando una copa en un lugar totalmente paradisiaco, y viceversa. Anoche soñé que cumplía cabalmente todo este reto y todo ello me llevó a escribir toda esta perorata. Habrá quien todavía siga pensando que soy un idiota y que debería seguir estando como estoy. Pero a veces la vida misma así te lo invoca, y mi ya ya nomás me falta hacerlo. Oh my fucking god! ¿Cuándo llegará el día de mi suerte?