Por Mauricio Neblina

Afortunadamente no tengo que sufrir la cuesta de enero, pues ni tengo hijos ni obligaciones de adulto. Vivo en un simulacro de la madurez, la antesala al verdadero inframundo de la vida. Por eso me tomé la libertad de seguir el Guadalupe-Reyes como un joven lo debe hacer y como nunca lo había hecho. Destiné una buena parte del aguinaldo a beber hasta cuatro veces a la semana durante diciembre, los días se me fueron entre ebriedad y resacas. El alcohol diluye el tiempo. La nostalgia que me invade el fin de año se hizo más llevadera.  

La Navidad y el Año Nuevo perdieron el significado cuando me acostumbré a pasar las noches cenando con mis padres vestido con short, playera y sudadera. En la habitación de los noventas se quedaron los zapatos, las camisas y el buen fajar. Diciembre trae entre sus fríos muchos de los recuerdos más felices de mi vida. La sensación de vacío que provoca lo que fue y no se volverá a repetir es insistente. Hay necedad por el anhelo de emular los recuerdos del pasado. Lamentablemente el camino que se elige es sólo uno y los demás que pudieron ser provocan insatisfacción y la pregunta sin respuesta del qué hubiera sido. El inevitable estancamiento en las memorias.  

No me caería nada mal que me pasara lo de Fry de Futurama. Brindar por otro asqueroso milenio con cerveza y pizza, caer en una máquina de criogenia y despertar mil años después. Le rehúyo a las familias. Nunca me han simpatizado del todo. Cuando era niño porque no entendía los chistes de doble sentido. Ahora porque me doy cuenta de los vicios y bemoles negativos de las personalidades. El año que ya no tenga a la mía no me tomaré la molestia de brindar ni de contar doce campanadas. Me encerraré a leer, a escribir unas cuantas líneas, a jugar videojuegos o a ver alguna película, me emborracharé sin algún pretexto en especial, dormiré y al día siguiente será como si nadie hubiera celebrado nada. Volveré a caminar por el mismo mundo que de vez en cuando lanza algunos destellos de color y, por supuesto, aliviaré la resaca para continuar bebiendo.