Por Eloy Rodríguez Linares

El BDSM es un juego de roles que Sabina Sabrok aconseja practicar con profesionales y en sitios donde cuenten con el equipo necesario para vivir una experiencia placentera.

En la entrevista que se publicó en el libro BDSM. Cincuenta sombres de Fer (2017), Sabrok explica que cuando tenía cinco años, se portaba mal para que sus papás le dieran nalgadas; además, con sus hermanos o vecinos solía jugar a atarlos porque le agradaba inmovilizarlos.

Al formar parte de una banda de new metal, Sabrina Sabrok optó por usar ropa de látex, utensilios de cuero y látigos con la finalidad de proyectar un estilo sadomasoquista en el escenario, sus shows pueden ser tan intensos que en ocasiones sus esclavos sufren algunas heridas:

“En el escenario todo es muy rápido y a veces se pierde el control. Una vez estaba amagando al esclavo con meterle el tacón de aguja en el culo, me resbalé, se me fue y ahí se acabó el show, pues empezó a salirle sangre; tuvo que venir la ambulancia y debieron coserlo” (Sabrok, 2017, p.74).

A las parejas que les resulta difícil adaptar su sala como una mazmorra porque sus hijos podrían encontrar algunos de sus juguetes BDSM, Sabrok les sugiere utilizar instrumentos que se ocupan en la casa, por ejemplo, pinzas para hielos, cuerdas o cadenas para perros.

“La gente se está abriendo a eso un poco más. En Inglaterra, por ejemplo, ves a las dóminas pasear a sus ʻperrosʼ, o sea, a sus esclavos, en cuatro patas por la calle. Si acá sales así, imagínate, te detiene la policía” (Sabrok, 2017, p.74).

Comunidad Leather

Dentro de la comunidad gay existe una subcultura que se denomina leather, donde el uso de atuendos de piel, representa un “código de honor e identidad”, explica Gerardo Spíndola.

El movimiento leather gay tiene sus orígenes en el periodo de la Segunda Guerra Mundial –señala Spíndola-  porque a consecuencia del asilamiento en el que se encontraban los soldados estadounidenses y a la prohibición que tenían del gobierno norteamericano de mantener relaciones sexuales con mujeres europeas, algunos jóvenes combatientes optaron por tener experiencias de carácter homoeróticas.

Al término de la guerra, en la década de los 50´s se abrió el primer establecimiento leather -explica Spíndola- en Estados Unidos, era un bar de carretera, donde sus asistentes solían llegar en motocicleta. En aquel sitio, los excombatientes revivían sus experiencias sexuales.

El atuendo que usaban los asistentes a ese tipo de bares consistía en botas, chamarras, pantalones, guantes y gorra de cuero negro –informa Spíndola-. Asimismo, en los años cincuenta del siglo anterior, el artista gráfico Tom of Finland se inspiró en los miembros de la cultura leather para crear al personaje Kake, un motociclista “hipermasculino”  que ejerce su vida sexual sin alguna inhibición.

Gerardo Spíndola (2017) recuerda que en 1986, con la apertura del bar El Taller, del  escritor Luis González de Alba, y gracias a su estética industrial, se creó un “lugar de encuentro gay underground, no exclusivamente de código leather, pero sí dirigido a hombres homosexuales masculinos y en cuyo cuarto oscuro se daba rienda suelta a la testosterona” (p. 109).

Portada del libro ‘BDSM. Cincuenta sombres de Fer’ (2017).

Amos y sumimos

El Marqués Alexander se acuerda de que cuando tenía ocho años se consideraba fetichista porque le atraían la lencería, los tacones y los accesorios. A la edad de 14 años, tuvo sus primeras experiencias sexuales, pero cuando le propuso a su novia en turno que realizaran algunos tipos de juegos, la mamá de ella lo escucho y días después le pidió que olvidara la idea de someter a su hija porque no lo iba a lograr, tales palabras le produjeron un nudo en la garganta, pero se sorprendió cuando le propuso ser su maestra, bajo la condición de que para ser amo primero debía desempeñar el papel de sumiso, tal experiencia cambio su punto de vista sobre este tema, y con el paso del tiempo descubrió que dicha regla no siempre se aplica.

Por otra parte, Krystal Sade específica que el Bondage, Dominación/Disciplina, Sumisión/Sadismo (BDSM) es una práctica sexual de “intercambio erótico y consensuado de poder que puede o no involucrar prácticas sádicas o dolorosas” (p. 10), ejemplo de ello es la experiencia que a continuación narra Fernanda Tapia:

“Estoy hincada con las nalgas sobre los talones, las rodillas abiertas, mostrando mi sexo, caliente, palpitante; las palmas de mis manos hacia arriba, los dorsos recargados sobre los muslos a la altura de las rodillas, la espalda recta, sin embargo la mirada hacia abajo, nunca retando a la del amo; la boca abierta, totalmente disponible, accesible por cada uno de los rincones para su dueño, y él me lo preguntaba: “¿Estás segura?”. Si estoy segura. “¿Pero en verdad te vas enfrentar a esto, a tu mundo, a tu realidad vainilla?”. Lo estoy. “¿No tienes dudas?”. No. Lo he pensado una y otra vez” (Tapia, 2017, p.176)

En Japón, durante el siglo XV, se utilizaba la técnica hojojutsu que consistían en el empleo de cuerdas y ataduras para atrapar al enemigo, pero con el paso del tiempo está práctica adquirió un sentido erótico, explica Takumi, instructor de bondage estilo japonés del Instituto Mexicano de Shibari. Asimismo, señala Takumi (2017), al finalizar la “Segunda Guerra Mundial, Japón se abre a Occidente, donde tenían la tradición del Marques de Sade. Hay un intercambio, una fusión entre los fetiches, y sigue extendiéndose a todo el mundo. Empiezan a surgir los primeros fotógrafos, los artistas que habían visto eso en Japón y en Europa; comienzan hacer su propia versión. Nos encontramos con personajes como Bettie Page. Ahora consideramos esto como más comercial. Por ejemplo, en las publicaciones de detectives veíamos a las damiselas en apuros, atadas, y llegaba su salvador a rescatarlas” (p.194).

La comunidad BDSM no es un sitio que se encuentre exento de envidias, explica Diamanda; asimismo, especifica que en cualquier lugar nos vamos a encontrar a “personas cuerdas y no cuerdas”, y en relación a los prejuicios que existe sobre las chicas que les gusta experimentar el juego de roles en su vida sexual, indica que por lo general ven “a las mujeres dominantes como si fuéramos de hielo, insensibles o como si viéramos a los demás como basura, pero realmente no es así”(p.176).

Los orígenes del BDSM en México, de acuerdo a la información del Marqués Alexander, se remontan al año 1993 cuando Carlos Ceballos y César Vargas (q.e.p.d.) fundaron el Club Leather de México. Se sabe que en 1999 un grupo de alumnos de la UAM-Xochimilco se reunían en las salas de cómputo para relacionarse de forma  virtual con personas que compartieran el gusto por los juegos sexuales de dominación. Con la era de la web 2.0, en el año 2001, se crearon grupos cibernéticos como Mistress Fénix, Grupo de Karla o El Calabozo de Karla y BDSMenReal. Durante el año 2002, el Dr. Nalgadas organizaba reuniones privadas de spanking que con el tiempo desembocó en distintos grupos de spank en el país… En el año 2014, el Calabozo MX organizó el mes del bondage, en la fiesta de clausura, los asistentes disfrutaron de un espectáculo de cuerdas con cuerpos colgados en la terraza del Centro de la Diversidad Sexual.

Por último, la cartelera de Krystal Sade, una de sus películas favoritas es La secretaria, filme que narra la vida excéntrica y sadomasoquista de Lee Holloway, se estrenó en el año 2002, y se basó en el cuento Bad Behaivor (Mal comportamiento), de Mary Gaitskill. Otras cintas que Sade recomienda en el libro BDSM. Cincuenta sobras de Fer son: El juez SM, Las edades de Lulú, Luna Amarga, Historia de O, Maîtresse, La imagen, The Pet, Tokio decadente y Portero de la noche.